En el marco del Mes de la Salud Mental, Fundación Wazú hace un llamado a ampliar la conversación nacional e incluir las realidades y desafíos específicos que viven las personas en situación de discapacidad, quienes enfrentan una carga adicional de barreras estructurales, sociales y emocionales que impactan directamente su bienestar psicológico.
“La prevalencia de comorbilidades en salud mental entre las personas con discapacidad supera ampliamente la de la población general. Sin embargo, existe una ‘ceguera diagnóstica’ en muchos profesionales de la salud, que tienden a atribuir síntomas como ansiedad o depresión únicamente a la condición de base, sin diagnosticar ni tratar adecuadamente los cuadros asociados”, explica la psicóloga Paulina Funes, colaboradora de Fundación Wazú.
Funes también advierte que la inaccesibilidad de los servicios de salud mental —por falta de adecuaciones físicas, sensoriales o comunicacionales— deja fuera a un número importante de personas usuarias. “No se trata solo de atención médica, sino de acceso real y digno a la salud mental. En Chile, muchas veces las puertas están abiertas, pero no todos pueden entrar”, añade.
El llamado “estrés de minoría” es otro de los fenómenos que afectan de manera persistente a esta población. Se trata de un estado de estrés crónico derivado de la discriminación, el estigma interiorizado y la violencia simbólica o vicaria, que deteriora la salud mental a largo plazo.
“Las barreras en el empleo, la educación, el transporte y la integración comunitaria comprometen seriamente la salud mental de las personas en situación de discapacidad. Necesitamos avanzar desde un enfoque médico hacia un modelo social de la discapacidad, que reconozca que el problema no está en la persona, sino en el entorno que la excluye”, enfatiza Funes.
El psiquiatra Felipe Torres, especialista colaborador de Fundación Wazú, explica que no todas las patologías de salud mental constituyen una discapacidad, y que el diagnóstico por sí solo no la determina.
“Dos personas pueden tener la misma condición, pero en una puede generar discapacidad y en otra no. Esto depende de factores psicosociales, de la red de apoyo, del funcionamiento cotidiano y de las estrategias de compensación que cada persona desarrolla”, señala.
Respecto a las señales de alerta, el psiquiatra recomienda buscar ayuda profesional ante síntomas como aislamiento, pérdida de interés, irritabilidad, alteraciones del sueño o apetito, aumento del consumo de alcohol o tabaco, o la presencia de ideas de muerte. “Son indicadores que deben ser escuchados y acompañados con empatía y sin prejuicios”, agrega.
Cuidar la mente también es accesibilidad
Ambos profesionales coinciden en que las prácticas más efectivas para cuidar la salud mental son universales: realizar actividad física, mantener vínculos sociales significativos, conectarse con la naturaleza y, sobre todo, pedir ayuda sin miedo al estigma.
Desde Fundación Wazú se enfatiza que la salud mental y la inclusión son inseparables, y que las políticas públicas deben reflejar esta interdependencia. “Chile no puede hablar de salud mental si deja fuera a quienes viven la discapacidad. Necesitamos programas adaptados, profesionales capacitados y espacios accesibles para que nadie quede atrás”, explica Peter Loch, director de la fundación,

