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Convivencia Escolar en Chile: un análisis sobre la construcción de comunidad frente a la violencia

Hace unas semanas me encontraba en un colegio particular pagado dando una capacitación sobre la Ley de Autismo. Al cierre, mientras los funcionarios compartían sus legítimas inquietudes sobre la temática, hice un comentario que —por falta de tiempo para contextualizar— quizá no fue del todo comprendido: dije que, como apoderados, debíamos asumir la probabilidad de que, en algún momento, nuestros hijos e hijas recibieran un golpe en el contexto escolar.

Hice esta reflexión ante el reclamo de padres y madres de niños aparentemente sin mayores necesidades de apoyo, que se veían afectados por párvulos o estudiantes autistas en momentos de crisis. Aclaré, por cierto, que no es lo mismo una agresión entre pares en el contexto del aprendizaje socioemocional propio de su desarrollo, que la misma acción por parte de un estudiante de cursos mayores.

Esta situación me recordó cuando nos llamaron del jardín infantil de mi hijo. La educadora, agobiada, nos explicó que el niño había sufrido un “accidente” y estaba triste, por lo que debíamos retirarlo antes. Para mí fue un alivio cuando aclaró el tipo de incidente: había sido mordido por un compañerito. Parecía más preocupada ella que nosotros; comprendo que los apoderados no suelen reaccionar bien ante estos episodios. Personalmente, como educadora Waldorf con años de experiencia en el nivel, lo consideré algo esperable.

Me generaba más inquietud la situación inversa: que mi hijo fuera quien agrediera a otros. Por mucho que uno supervise a los niños y niñas constantemente, es casi imposible evitar estas situaciones. Si bien esto es más fácil de comprender en educación parvularia, la esencia del conflicto se mantiene a lo largo de toda la escolaridad, aunque cambie su naturaleza.

La convivencia escolar armónica no puede definirse simplemente como la ausencia de conflicto, sino como un proceso dinámico de construcción de comunidad. Esta comprensión es fundamental: la buena convivencia no es un estado de quietud impuesta por reglamentos, sino una dinámica viva de relaciones humanas donde la tensión surge naturalmente en el proceso de aprendizaje socioemocional.

En este sentido, el conflicto debe abordarse como una oportunidad pedagógica crítica que permite a párvulos y estudiantes (así como a los adultos) aprender a relacionarse de manera adaptativa a través de la empatía, la negociación y la reparación de vínculos. 

Sin embargo, nuestra sociedad enfrenta una contradicción profunda: mientras existe un escándalo generalizado ante la agresión física (lo cual es comprensible), se tiende a naturalizar formas silenciosas y devastadoras de violencia psicológica, como el desprecio, el aislamiento y la estigmatización de quienes son percibidos como diferentes.

Es imperativo validar el temor y la preocupación de las familias respecto a que sus hijos e hijas no sean víctimas de agresiones en el contexto escolar, pero es igualmente urgente que observemos todos los tipos de violencia, no solamente los más evidentes. Para que los establecimientos sean espacios de protección, la mirada pública y estatal debe desplazarse desde el desenlace fatal que acapara titulares —como el trágico ataque en Calama— hacia el proceso silencioso de exclusión y soledad crónica que antecede a tales estallidos.

Violencia Escolar como Reflejo de la Violencia Social

La evidencia recolectada en la última década sugiere que la actual crisis de convivencia en los establecimientos educacionales no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de violencia social sistémica. Las aulas se han convertido en la caja de resonancia de tensiones macroestructurales: el aumento de la criminalidad, la fragilidad de los vínculos familiares y la exposición a entornos digitales sin supervisión.

En este escenario, la soledad infantil emerge como un factor crítico, exacerbado por jornadas laborales extensas y un estrés socioeconómico que erosiona la capacidad de contención de padres, madres y cuidadores.

En este contexto, la neuropsiquiatra infanto-juvenil Amanda Céspedes sostiene que el concepto tradicional de «violencia escolar» es equívoco y potencialmente peligroso. Para la experta, esta terminología traslada la responsabilidad de forma exclusiva a las instituciones educativas, omitiendo que se trata de una violencia que los estudiantes traen desde su entorno (Montes, 2026).

Esta dinámica se nutre de la agresividad en el espacio público, el debilitamiento de las figuras de autoridad y un bombardeo mediático de contenidos violentos que niños, niñas y adolescentes consumen sin una mediación adulta que les permita procesarlos críticamente.

Los datos respaldan esta preocupación. Según el Observatorio Niñez Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC (2024), la violencia contra la niñez en Chile ha mostrado una evolución alarmante, con retrocesos significativos tras la pandemia.

A pesar de los esfuerzos normativos, la violencia física persiste en niveles críticos, mientras que la agresión psicológica muestra un incremento sostenido, con un impacto más agudo en niñas y adolescentes mujeres.

Además, los estudiantes en situación de discapacidad enfrentan un mayor riesgo, presentando prevalencias significativamente más altas en casi todas las categorías de abuso, incluyendo las diferentes formas de violencia escolar y entre pares.

Salud mental, neurodivergencia e inclusión

El trágico incidente ocurrido en marzo de 2026 en Calama, donde un joven de 18 años atacó a su comunidad escolar, ofrece una lección dolorosa sobre las consecuencias de invisibilizar las necesidades de salud mental en la población socialmente vulnerable, como es el caso de niños, niñas y jóvenes neurodivergentes.

Aunque el debate mediático se centró en el acto violento, un análisis profundo revela una trayectoria de años de exclusión que el sistema no supo acompañar: la soledad crónica marcó su tránsito por el sistema escolar.

No es normal que un estudiante curse toda su escolaridad sin construir un solo vínculo de amistad genuino. Según relata la madre de Hernán (Chilevisión, 2026), el joven sufría por la exclusión de los hitos sociales propios de la edad y por un bullying persistente.

Ella relata haber solicitado apoyo a los profesores para la integración social de su hijo en reiteradas ocasiones, recibiendo atención únicamente de una psicopedagoga. En su testimonio, comenta cómo Hernán cargaba con la etiqueta de “niño TEA”, revelando una mirada patologizante del autismo que se tradujo en la dolorosa y frecuente expresión del joven: “El TEA me cagó la vida”.

Sobre esto último, la comunidad de adultos autistas —a la cual pertenezco— ha insistido vehementemente en el riesgo de estigmatizar a niños, niñas y jóvenes como “personas TEA”: una persona no puede ser un trastorno.

Si vamos a posicionarnos desde la mirada de la patología, que entiende el autismo como un trastorno del neurodesarrollo, lo correcto sería referirnos a «personas con TEA»; sin embargo, la cotidianidad de las comunidades educativas nos demuestra que se ha normalizado llamar a este grupo simplemente como “niños TEA”. Esto también debería escandalizarnos.

Respecto al caso de Calama, es imperativo distinguir entre los daños derivados de una desregulación emocional y aquellos que nacen de una planificación consciente. En una crisis de desregulación, especialmente en individuos autistas, no existe premeditación; el sistema nervioso colapsa frente a un entorno que supera su capacidad de procesamiento.

Sin embargo, cuando el entorno es hostil y la salud mental se deteriora sin intervención, el malestar puede escalar hacia conductas premeditadas alimentadas por el resentimiento y el aislamiento social. Entender esta distinción es crucial para dejar de criminalizar la neurodivergencia y empezar a gestionar los entornos escolares de manera profunda, preventiva y proactiva.

Hacia una convivencia corresponsable

Comencé esta nota mencionando mi intervención en una capacitación donde señalé que, como apoderados, debíamos asumir la probabilidad de que, en algún momento, nuestros hijos fueran agredidos en el contexto escolar.

Hoy mantengo mi postura. La convivencia en la diversidad implica reconocer que todos los miembros de la comunidad educativa cometerán, en algún punto, errores en sus interacciones. La capacidad adaptativa de un colegio no se mide por la ausencia de roces, sino por la solidez de sus vínculos para prevenir, contener y restaurar las relaciones cuando el conflicto ocurre.

Erradicar el acoso, la discriminación y la violencia es una responsabilidad compartida por todos los actores del sistema, incluyendo a padres, madres y apoderados de aquellos que quizá no golpean ni gritan, pero que en sus actitudes, gestos o silencios, por sutiles que parezcan, excluyen.

Al respecto, la nueva Ley 21.809 sobre convivencia, buen trato y bienestar es una noticia alentadora: robustece los equipos de convivencia y las obligaciones del Estado en la promoción del bienestar socioemocional. Esto incluye la creación del Programa de Bienestar Socioemocional Escolar, a cargo de la nueva división homónima de la Junaeb.

Esta iniciativa pretende potenciar la sana convivencia a través de experiencias que fortalezcan el sentido de pertenencia y la cohesión grupal, mediante talleres deportivos, culturales y científicos.

En última instancia, el éxito de estas nuevas normativas y programas no dependerá solo de los recursos técnicos, sino de nuestra capacidad como adultos para cambiar la mirada: Sólo cuando comprendamos que el bienestar de mi hijo o hija está indisolublemente ligado al bienestar de su compañero o compañera —incluyendo a aquel con necesidades específicas de apoyo— podremos decir que estamos construyendo una verdadera comunidad. La convivencia no es un reglamento que se cumple, es un tejido que se cuida día tras día.

Magda Montero,

Líder del Área de Educación Inclusiva de Fundación Wazú

Fuentes citadas

Chilevisión. (21 de abril de 2026). «TENGO RESPONSABILIDAD»: Habló mamá de joven que atacó en colegio de Calama – Contigo en la Mañana [Archivo de Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=rIFAPMgC7GY 

Montes, Rocío (6 de abril de 2026). Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infanto-juvenil: «No comparto el concepto de violencia escolar, esta es una violencia social». El País. https://elpais.com/chile/2026-04-06/amanda-cespedes-neuropsiquiatra-infanto-juvenil-no-comparto-el-concepto-de-violencia-escolar-esta-es-una-violencia-social.html 

Observatorio Niñez Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC (2024). Agenda Violencia Contra la Niñez: Panorama de los últimos 10 años.

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Ministerio de Educación abre postulaciones para habilitar salas sensoriales para estudiantes autistas

Esta iniciativa permitirá a escuelas municipales implementar espacios físicos, estrategias pedagógicas y de apoyo socioemocional para acompañar a estudiantes autistas y a quienes presenten episodios de desregulación emocional.

Enmarcada en la implementación de la ley 21.545, también conocida como “Ley TEA” es que el Ministerio de Educación abrió una convocatoria para establecimientos municipales de educación para recibir ayudas económicas para la implementación de salas sensoriales.

La iniciativa, que alcanza la cobertura de 223 comunas a lo largo del país, busca implementar mejoras en la infraestructura escolar para responder de manera efectiva a los desafíos de inclusión de estudiantes autistas. 

Respecto a la convocatoria, el ministro de Educación, Nicolás Cataldo, declaró que la inversión es “cercana a los mil millones de pesos y están dirigidos al mundo de la educación municipal; y en función de cómo vengan las postulaciones vamos a evaluar también aumentar los recursos de manera tal de llegar a un alcance mayor”. 

Para la postulación, que se encuentra abierta hasta el próximo 2 de octubre, los sostenedores deberán cumplir con requisitos pedagógicos como: contar con equipo de Integración Escolar, protocolo de regulación emocional y conductual (protocolo DEC) y con encargado/a de convivencia educativa.  

Los detalles de la postulación serán publicados próximamente a través de los canales oficiales del Ministerio de Educación.

Sobre el espacio donde poder implementar el aula sensorial, desde Mineduc recomiendan que sea en primer piso, para accesibilidad universal; cercana a oficinas PIE y equipos de convivencia, lejos de zonas ruidosas.  

Entre las mejoras que se pueden realizar con el aporte estatal están: 

  • Iluminación LED cálida regulable, con sistema dimmer.
  • Pisos blandos (vinílicos o de caucho).
  • Ventanas con doble vidrio tipo termopanel para mejor aislamiento acústico.
  • Climatización silenciosa con sistemas split frío-calor, junto con ventilación natural cuando sea posible.
  • Puertas de acceso universal y nivelación de umbrales.
  • Paneles fonoabsorbentes para acondicionamiento acústico.
  • Revestimiento blando en muros y pintura interior lavable.
  • Cortinas blackout para controlar la entrada de luz.
  • Fijaciones seguras para elementos colgantes.
  • Cierre suave en puertas abatibles.
  • Elementos de seguridad como protectores de esquinas y de enchufes.

Fuente: https://www.mineduc.cl/ministerio-de-educacion-presenta-convocatoria-para-habilitar-aulas-sensoriales-en-establecimientos-municipales/ 

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Violencia escolar: un problema sistémico que nos interpela a todos

Este lamentable suceso ocurrido en el Liceo Bicentenario de Excelencia de Trehuaco nos llama a una reflexión urgente.

Columna escrita por Alejandro Wasiliew Conget, Docente y Diseñador de proyectos educativos en Fundación Wazú

A medida que se adicionan antecedentes del reciente caso de agresión de un estudiante autista a su profesora en el Liceo Bicentenario de Excelencia de Trehuaco, Región de Ñuble, más nos confronta una realidad insoslayable: la violencia en las aulas no es un hecho aislado, sino un síntoma de un problema estructural más profundo.

Para comprender este suceso desde una perspectiva amplia, es necesario analizarlo desde un enfoque sistémico, integrando el paradigma de la neurodiversidad y la violencia como un modo de actuar que se aprende.

Desde la perspectiva sistémica, la violencia en la escuela puede entenderse como parte de una dinámica disfuncional que involucra a todos los actores del sistema. En consideración de ello, la agresión del estudiante no puede ser vista simplemente como un acto meramente individual, sino como la expresión de una problemática relacional, donde los roles y las respuestas del mundo adulto (docentes, directivos, padres) juegan un papel clave.

Si la escuela no logra ser un entorno comprensivo y amable, si no es capaz de establecer canales de comunicación y contención efectivos, los conflictos pueden escalar hasta manifestaciones extremas de violencia, tal como ocurrió. En este caso, la pregunta clave es: ¿qué estructuras escolares han contribuido a que el estudiante haya respondido de forma violenta?

Para profundizar más en esta perspectiva, el modelo ecológico de Bronfenbrenner nos permite ampliar la mirada y comprender cómo distintos niveles del entorno impactan en la conducta de los estudiantes. En el microsistema, las relaciones inmediatas con la familia y los docentes influyen directamente en el desarrollo de los niños, niñas y jóvenes. Si en este nivel existen antecedentes de violencia, sea explícita o simbólica, es probable que el estudiante adopte estrategias agresivas.

Con relación a este aspecto, cabe mencionar que –sin pretender asignar culpabilidades– la profesora agredida había expresado previamente rechazo por el estudiante autista (“si tú no escribes, no me sirves en la sala”, “eso a ti no te importa, cuando necesitemos abogados, te hablamos”).

Por otra parte, la educadora, que sufrió una fractura de cráneo producto de los golpes, muy probablemente no estaba ajena al agobio laboral que aqueja a un alto porcentaje de los docentes. En el mesosistema, la calidad del vínculo entre la escuela y la familia es determinante para la prevención de conflictos. En el exosistema, las políticas educativas y la precarización de la enseñanza pueden generar un ambiente hostil que favorece la agresión, lo cual corre tanto para personas neurodivergentes como neurotípicas.

Finalmente, el macrosistema, que abarca los valores culturales y sociales, nos lleva a reflexionar sobre cómo la sobreexposición y la normalización de la violencia en los medios de comunicación, en las redes sociales y en la sociedad influyen en la conducta de los estudiantes.

Es fundamental entender que la violencia no es solo una reacción impulsiva, sino una respuesta que se desarrolla a partir de estructuras cognitivas, de esquemas o secuencias de acción aprendidos en la interacción social. También, que no es una característica del autismo. Los niños, niñas y jóvenes, en general, construyen su conocimiento a través de experiencias y esquemas mentales que pueden reforzar patrones violentos si estos son modelados por el entorno.

Si un estudiante ha vivido en contextos inmediatos o más amplios donde la agresión es una estrategia exitosa para resolver conflictos, es probable que internalice esa secuencia de acción. Al respecto, cabe enfatizar el papel del aprendizaje como un fenómeno mediado por otros: las respuestas agresivas pueden ser reforzadas o transformadas según las herramientas y mediaciones que el entorno educativo proporcione.

En este sentido, ¿qué medidas preventivas desarrolló la escuela para evitar interacciones violentas? ¿Se cuenta con modelos de detección y resolución no-violenta de conflictos? A estas preguntas agrego una afirmación: el Liceo Bicentenario de Excelencia de Trehuaco no cuenta con un Protocolo de Desregulación Emocional y Conductual, lo cual representa un grave incumplimiento de lo establecido en la Ley de Autismo N°21.545. 

Desde el paradigma de la neurodiversidad, este caso también debe llevarnos a cuestionar cómo el sistema educativo responde a las diversas formas de procesamiento cognitivo y emocional de los estudiantes.

La realidad es que muchas escuelas no cuentan con los recursos ni la capacitación necesaria para atender a estudiantes con necesidades específicas de apoyo educativo. La falta de estrategias adecuadas para comprender y regular las emociones puede conducir a reacciones violentas que podrían haberse prevenido con un enfoque más inclusivo y comprensivo.

La respuesta ante la deuda de preparación de las instituciones educativas, así como de mayor respaldo a entregar por parte del Ministerio de Educación, debe estar animada por la certeza de que las escuelas tienen una función social primordial: enseñarnos a vivir juntos y juntas. Desde esta perspectiva, la inclusión de un estudiantado diverso en su funcionamiento neurocognitivo es fundamental. 

Este lamentable suceso ocurrido en el Liceo Bicentenario de Excelencia de Trehuaco nos llama a una reflexión urgente. No basta con sancionar al estudiante o exigir mayor seguridad en las escuelas; es fundamental recorrer el camino largo de transformación de las estructuras que perpetúan la violencia.

Esto implica fortalecer la formación docente en estrategias de manejo de conflictos y la atención de un estudiantado necesariamente diverso, promover una educación emocional efectiva desde la infancia y garantizar que las políticas educativas se contextualicen realmente en las comunidades.

También, lleva a que nos preguntemos qué mundo les estamos brindando los adultos a los niños, niñas y jóvenes, autistas y no autistas, para desplegar su desarrollo personal. Solo así podremos aspirar a una escuela que sea un espacio de aprendizaje, respeto y contención para todos.

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Fundación Wazú entrega consejos para un retorno a clases inclusivo y amigable

Pronto inicia el año escolar y desde Fundación Wazú compartimos recomendaciones claves para que niños, niñas, adolescentes y jóvenes vivan una vuelta a clases más inclusiva y respetuosa con la diversidad.

Cada estudiante tiene su propio ritmo de adaptación, por lo que es fundamental generar ambientes seguros y flexibles que favorezcan su integración, así nos explica Elizabeth Miranda, terapeuta ocupacional de Fundación Wazú, organización para la inclusión laboral y educativa.

La profesional destacó la importancia de preparar el regreso a clases con anticipación y empatía, entregando algunas claves para padres y apoderados:

Consejos para una vuelta a clases inclusiva

Comunicación abierta: Mantén un diálogo constante con niños, niñas y jóvenes, validando sus emociones y preocupaciones sobre la vuelta a clases. También es clave establecer comunicación con los docentes para coordinar apoyos si es necesario, ideal si pueden ir a conocer el espacio con anterioridad o apoyarse con fotografías del espacio.

Fomentar la diversidad: Conversa en casa sobre el valor de la diferencia (cultura, género, costumbres) y promueve el respeto y la inclusión en la comunidad escolar.

Apoyos visuales y anticipación: Si tu hija o hijo necesita adaptaciones, puedes solicitar materiales que faciliten su proceso de integración. Si ya tiene sus propias laminas o materiales puedes hacerlas llegar al docente a cargo.

Rutinas progresivas: Ajustar horarios y actividades con anticipación ayuda a internalizar la nueva rutina escolar, disminuyendo la ansiedad. Unos días antes puedes ir adecuando el horario de dormir o de comidas para que no resulte tan abrupto el cambio.

Evitar comparaciones: Cada estudiante tiene su propio proceso de adaptación. Respetar los tiempos de cada uno contribuye a un clima escolar más armónico.

Involucrarse en la comunidad escolar: Conocer la realidad de otras familias del curso y compartir experiencias fortalece la convivencia y reduce prejuicios.

“Si tenemos presente que la diversidad es un hecho, comienza otro derecho que tiene que ver con la enseñanza diversificada, que es lo que nos permite hacer más accesible la educación. Para ello se deben hacer las adecuaciones necesarias y las capacitaciones a profesionales, docentes y profesionales de apoyo, además es muy importante que las propias personas en situación de discapacidad de la comunidad educativa, tengan un espacio para compartir sus emociones y desafíos”, explica Elizabeth Miranda.

Desde Fundación Wazú hacemos un llamado a las comunidades educativas a asumir la diversidad como un valor fundamental en el aprendizaje, teniendo en cuenta que un entorno inclusivo beneficia a toda la comunidad escolar, promoviendo respeto, colaboración y bienestar para todos.

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Educación superior inclusiva: La deuda del sistema educativo chileno

Es esencial que las Instituciones de Educación Superior (IES) aborden las barreras actitudinales y superen estereotipos negativos sobre lo que son capaces de lograr las personas en situación de discapacidad. Además, deben asegurarse que la información sobre los procesos de postulación y matrícula sea clara, accesible y comprensible, adaptada a diversas necesidades.

Columna escrita por Alejandro Wasiliew Conget, Docente y Diseñador de proyectos educativos en Fundación Wazú

Hace algunos días conocimos el caso de Benjamín Rivas, un joven de Curanilahue que obtuvo 1.000 puntos en la PAES de Matemáticas. Junto a él, otros dos estudiantes con discapacidad se han convertido en la primera generación de egresados con puntajes nacionales, quienes pueden haber cursado su trayectoria educativa completa con el apoyo del Programa de Integración Escolar (PIE).

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por Chile en 2008, establece que los Estados deben garantizar el acceso de las personas con discapacidad a la educación superior en igualdad de condiciones. En Chile, este derecho está respaldado por la Ley Nº 20.422.

El acceso a la educación superior implica diversas etapas, desde la preparación y rendición de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) hasta la matrícula y la transición a la vida estudiantil. Para garantizar el éxito de las personas con discapacidad que logran ingresar a la educación superior, se deben crear oportunidades y condiciones que permitan la participación en igualdad de condiciones.

Aunque el DEMRE ha logrado avances en accesibilidad para la PAES, aún existen barreras en los procesos de postulación y matrícula. Las principales limitaciones incluyen barreras actitudinales (es decir, de las personas que trabajan en las instituciones), informativas físicas, que juntas dificultan el acceso y la participación de las personas con discapacidad y neurodivergentes. Esto no solo es discriminatorio, sino que también va en contra de la normativa vigente.

Es esencial que las instituciones de educación superior (IES) aborden las barreras actitudinales y superen estereotipos negativos sobre lo que son capaces de lograr las personas en situación de discapacidad. Además, deben asegurarse que la información sobre los procesos de postulación y matrícula sea clara, accesible y comprensible, adaptada a diversas necesidades.

Las IES también deben garantizar que los requisitos para acreditar la condición de discapacidad sean simples y accesibles, y que la infraestructura sea adecuada, con rampas, ascensores y baños accesibles. Para la población neurodivergente, también es importante controlar aspectos como el exceso de ruido o la iluminación intensa.

Si bien se han logrado avances, los procesos de matrícula, permanencia y por sobre todo el egreso siguen siendo desafiantes para las personas con discapacidad. Es urgente que el Ministerio de Educación y la Subsecretaría de Educación Superior proporcionen orientaciones específicas para asegurar que la autonomía de las IES no afecte el derecho universal a la educación de estas personas.

Avanzar en educación inclusiva es prioridad, y no se puede seguir retrasando. El talento y esfuerzo de Benjamín, así como el de todas las personas con discapacidad que logran entrar a la educación superior, no puede perderse porque esta no cuenta con condiciones para poder brindarles una experiencia educativa de calidad.

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Preocupante: Cámara aprueba suspensión del Sistema de Admisión Escolar para el próximo año

La medida, que establece que durante todo 2025 no se utilizará el sistema de selección de estudiantes en los establecimientos educativos del país, ha generado un debate sobre la libertad de elección de los padres y la organización del sistema educativo.

En concreto, con 73 votos a favor, 53 en contra y 6 abstenciones, se aprobó la indicación que suspendería el sistema, la que deberá ser revisada por el Senado, que la ratificará o rechazará en las próximas jornadas.

Recordemos que el SAE es un sistema que ofrece a padres, apoderados y tutores la posibilidad de postular a todos los establecimientos educacionales del país que reciben financiamiento estatal, desde prekínder a 4° medio.

A pesar de la aprobación en la Cámara, el ministro de Hacienda, Mario Marcel, quien lidera la discusión presupuestaria, hizo reserva de constitucionalidad sobre la medida.

Marcel advirtió que, de implementarse esta norma, el sistema educativo chileno “queda sin ningún mecanismo de admisión, es decir, queda de acuerdo al arbitrio que alguien determine”.

Agregó que, aunque puedan existir críticas al SAE, eliminarlo sin un reemplazo podría causar graves problemas en el acceso a la educación.

La indicación aún debe ser votada por el Senado aún y, de ser necesario, podría llegar al Tribunal Constitucional si el Ejecutivo decide presentar un recurso para impugnarla.

La controversia abre un nuevo capítulo en el debate sobre la organización del sistema de admisión escolar en Chile y la participación del Estado en la asignación de cupos en cada tipo de establecimiento.

Desde Fundación Wazú lamentamos que en la Cámara de Diputadas y Diputados se esté retrocediendo en una ley que, si bien no es perfecta, sí ha sido un gran avance para que personas en situación de discapacidad puedan ingresar a establecimientos educacionales a los que antes no tenían acceso.

Fuente: elmostrador.cl

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Con foco en la inclusión de estudiantes neurodivergentes en la educación superior, Fundación Wazú realiza ponencia en el 2do Congreso Nacional sobre Educación, Cultura y Sociedad

Durante el «2do Congreso Nacional de Educación, Cultura y Sociedad», organizado por la Universidad de Playa Ancha y que contó con la presencia del Ministro de Educación Nicolás Cataldo, el equipo de Educación de Fundación Wazú presentó los resultados preliminares de un estudio que están desarrollando y que tiene por título “Avances y desafíos de la inclusión de estudiantes neurodivergentes en la educación superior chilena”.

Esta semana, Camila Bustamante y Alejandro Wasiliew, de nuestro equipo de Educación, participaron del «2do Congreso Nacional de Educación, Cultura y Sociedad. (Re) pensar las crisis educativas para construir futuro», organizado por la Universidad de Playa Ancha, y convocado por el Colegio de Profesores, el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigación Pedagógica del Mineduc CPEIP, el Doctorado Consorciado en Educación, UPLA – U. Los Lagos – U. de Antofagasta y el Doctorado en Ciencias Sociales, UPLA. 

La jornada comenzó con palabras de autoridades de la UPLA y contó con la presencia y palabras del Ministro de Educación Nicolás Cataldo. Esto fue seguido del panel magistral “Política Educativa en América Latina: Crisis y Desafíos”, del que fueron parte los académicos Pablo Pineau (Universidad de Buenos Aires, Argentina) y Alejandra Falabella, (Universidad Alberto Hurtado, Chile). 

Posteriormente, fue el turno de la presunción de ponencias. En este marco, Camila y Alejandro presentaron los resultados preliminares de un estudio que están desarrollando junto a Magda Montero y Elizabeth Miranda y que tiene por título “Avances y desafíos de la inclusión de estudiantes neurodivergentes en la educación superior chilena”. 

Pronto les estaremos compartiendo más novedades sobre esta investigación y sus resultados.

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Wazú participa de Consejo Empresarial para incentivar la inclusión laboral de estudiantes de enseñanza media de Fundación Comeduc

El objetivo de la actividad fue generar instancias para mejorar las condiciones y los procesos de inclusión laboral de los estudiantes con algún tipo de discapacidad del Colegio Técnico Profesional Achiga especializado en Gastronomía y Hotelería.

Esta semana en el Colegio Achiga de Las Condes se realizó el segundo Consejo Empresarial de Desarrollo Educativo (C.E.D.E.), cuya temática fue «Inclusión laboral y perfil de egreso para potenciar trayectorias educativas y laborales en estudiantes con NEE», y que contó con la presencia de Peter Loch, director de Fundación Wazú, quien profundizó en la importancia de generar procesos de inserción laboral que sean inclusivos y accesibles.

A través de su experiencia, compartió cómo abordan esta temática a nivel de escuela, empresa e instituciones de educación superior para fomentar la inclusión laboral de quienes presentan necesidades educativas especiales y/o algún tipo de discapacidad.

Además, en la instancia, participaron diversos e importantes actores del área de servicios de hotelería y del mundo de la gastronomía. Desde Comeduc, estuvo el presidente del CEDE, Mark Thiermann, y con el Director de Planificación y Operaciones, Ignacio González.

En representación de las empresas, estuvieron presentes: Hotel Marriott: Alejandro Larrondo, Gerente General Cadena Marriott, y Giovanna García, Generalista Hotel Marriott; Espacio Gastronómico: Christopher Achurra, Chef de producción; ACHIGA: Eduardo Regonesi, Gerente General, y Francesca Gorrini, Gerente Comercial; Aramark: Diana Silva, Jefa de Diversidad e inclusión.


En representación de las Instituciones de Educación Superior participaron: Instituto Profesional Santo Tomás: Variña Astorga, directora de carrera Gastronomía Internacional y Tradicional Chilena; Iplacex: David Barraza, director Escuela de Gastronomía; Inacap: Carolina Ceballos, encargada de admisión.

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En más de 1000% ha aumentado el número de estudiantes autistas en el Programa de Integración Escolar

El Ministerio de Educación dio a conocer reveladoras cifras que indican que en 2015 se registraron 3.731 estudiantes autistas en el programa PIE, número que en 2023 alcanzó a los 43.428.

El Programa de Integración Escolar, más conocido como PIE, es “una estrategia inclusiva de sistema educacional, que tiene el propósito de contribuir al mejoramiento continuo de la calidad de la educación, favoreciendo los aprendizajes en la sala de clases y la participación de todos y cada uno de los estudiantes, especialmente de aquellos que presentan Necesidades Educativas Especiales (NEE)”, explican en el sitio web de la superintendencia de dicha cartera.

Aunque la modalidad está dirigida a estudiantes con diversos requerimientos, un número importante son quienes están dentro del espectro autista, cifra que ha tenido un aumento considerable en los últimos ocho años.

En el webinar del Ministerio de Educación “Rol de la Ley TEA en el marco normativo vigente” se dieron a conocer dichos datos, donde se destaca que en 2015 se registraban 3731 estudiantes autistas, número que en 2023 alcanzó a los 43428, un incremento de más de un 1000%.

Respecto a quienes no sean parte de dicho programa o estén en educación parvularia, Francisca Cabrera, coordinadora nacional de Atención a la Diversidad de Mineduc y expositora de la instancia, declaró que no hay cifras. “Se desconoce el dato de presencia de estudiantes autistas en establecimientos educacionales que no tienen PIE o en educación parvularia, ya que no existe una subvención específica para recopilar dichos datos”. 

Aunque las cifras son bastante altas, Chantal Garay, presidenta de la Federación Nacional de Autismo FENAUT, explica que no es una muestra real. “Debe ser 3 veces superior, porque el decreto 170 regula los cupos para personas con necesidades educativas especiales, pero no es la realidad que constatamos en los establecimientos. Necesitamos con urgencia que se regule y fiscalice el respeto al derecho a la educación de nuestra comunidad autista”.

Por su parte, Gabriela Verdugo, presidenta de la Fundación FUAN, explica que “para implementar políticas públicas de educación que se derivan de la Ley de Autismo, es imprescindible contar con urgencia con datos de estudiantes autistas, ya que aún se desconocemos cuántos estudiantes en el espectro están en el sistema educativo en todas sus modalidades”. Frente a dicho desconocimiento, Verdugo declara que se ha dado espacio para la vulneración hacia ellas y ellos.

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Abren postulaciones a fondo nacional que busca fomentar la inclusión de niñas y niños en situación de discapacidad en etapa escolar 

ACTUALIZACIÓN: SENADIS EXTIENDE EL PLAZO DE POSTULACIÓN HASTA EL 19 DE ABRIL A LAS 17 HORAS.

Hasta el próximo 19 de abril estarán abiertas las postulaciones para los establecimientos de todo el país que quieran obtener apoyos tecnológicos, capacitaciones, profesionales de apoyo, entre otros.

Con el objetivo de disminuir las barreras para que niñas y niños puedan ingresar al sistema escolar, es que el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis) abrió las postulaciones al Concurso Nacional del Programa de Apoyo a Instituciones Educativas 2023. 

Este fondo dispone de $447.686.000 los que se distribuyen en proyectos que van desde los 3 a los 10 millones de pesos, según cada postulación lo indique, y pueden postular Municipalidades, Corporaciones, Fundaciones, Sociedades cuyo objeto sea de educación, Entidades Religiosas de Derecho Público constituidas conforme a la Ley N° 19.638, Personas Jurídicas de Derecho Canónico y toda persona jurídica sostenedora de Instituciones Educativas. 

Las iniciativas que serán financiadas son aquellas que beneficien a estudiantes en situación de discapacidad provenientes de Educación Inicial, Educación Básica, Educación Media y Escuelas Especiales. 

Entre los proyectos financiables pueden estar la capacitaciones a docentes, financiamiento de profesionales de apoyo al quehacer docente necesario para las adecuaciones (metodológicas y tecnológicas) para una educación más inclusiva, y adquisición de apoyos tecnológicos, tales como notebook, tablet, teclado, software lector de pantalla, software de seguimiento cefálico, software reconocedor de voz, pizarras interactivas, servicios de apoyo, servicio de intérprete de lengua de señas, servicios de transcripción, por nombrar algunos.

Las postulaciones están abiertas hasta el próximo miércoles 19 de abril a las 17 horas a través del sitio https://b.senadis.cl/2023/  

Fuente: https://www.senadis.gob.cl/pag/691/1553/concurso_nacional_del_programa_de_apoyo_a_instituciones_educativas_2023 

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