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Sexualidad

Discapacidad y sexualidad: «Me ofrecen sexo como un favor porque tengo discapacidad»

En un reportaje de BBC Mundo diversas mujeres con algún tipo de discapacidad se han manifestado para desafiar el estigma que sigue existiendo respecto a sus relaciones sexuales, y afirman que tienen derecho a explorar su identidad sexual como cualquier otra persona.

Holly tenía sólo 16 años cuando alguien le preguntó si podía practicar sexo porque era alguien con discapacidad. A lo largo de los años le han hecho muchas otras preguntas, como si «puede tener sexo duro» o si tiene que ser en silla de ruedas.

«La gente cree que te está haciendo un favor, casi como un sacrificio. Lo peor es que ya no me sorprende ni me ofende».

Holly, que ahora tiene 26 años, padece dolor crónico y síndrome de hipermovilidad, y es una de las muchas mujeres con discapacidad que han alzado la voz para desafiar los estereotipos negativos y el estigma cuando se trata de citas y relaciones.

Holly Greader cree que es importante que las relaciones felices de las personas con discapacidad estén representadas. Empezó a salir con su actual marido, James, cuando era adolescente, y lleva nueve años con él. Se casaron a principios de este año.

«A menudo, en los medios de comunicación, las personas discapacitadas tienen vidas miserables, somos sólo una triste historia».

Añade que siempre se ha sentido apoyada por él, pero estereotipada por los demás.

«Cuando nos fuimos a vivir juntos, la gente me decía que si mi salud empeoraba me dejaría. Por ser una carga o demasiado para soportar».

Cuenta que en la escuela se hacían suposiciones sobre ella. Incluso, algunos chicos de su clase le hacían cuestionamientos personales e intrusivos.

«Me preguntaban cosas como: ¿sólo puedes tener sexo en una silla de ruedas? ¿Se te dislocarán las articulaciones? Si quisiera tener sexo duro contigo, ¿podría hacerlo?».

Holly afirma que la gente también le ha mandado mensajes en las redes sociales sobre sexo, una oferta por la que a menudo le hacían sentir que debía ser «afortunada». A Holly le gustaría ver una mejor representación positiva en los medios de comunicación, y afirma que el personaje de Isaac Goodwin en el programa Sex Education ha sido el único buen ejemplo que ha visto recientemente.

Nicola Thomas, de 38 años y natural de Caerphilly, es ciega.

«Una de las preguntas más habituales es: ¿cómo practicas el sexo? Te deja sin aliento una pregunta tan invasiva y personal».

Nicola padece una enfermedad autoinmune, neuromielitis óptica , y perdió la vista en un ojo hace 15 años y en el otro hace cinco. «Mucha gente ve barreras en la ceguera y yo soy de las que las derriban». Entre las aficiones de Nicola están la vela, el paddleboard y viajar; su próximo viaje será a Hong Kong.

Nicola tenía novio cuando perdió la vista, pero la relación terminó.

«Me trataban como una carga, la gente le decía: ‘no podrás cuidar de ella’. Pero yo no necesitaba un cuidador».

Ahora mantiene una relación con un chico que también tiene discapacidad visual. «Aunque los dos somos ciegos, nos movemos por la ciudad o salimos solos. Nada nos frena». Nicola asegura que se siente estereotipada cuando la gente muestra interés por ella.

«La gente me manda mensajes en las redes sociales pidiéndome citas, su atención cambia o actúa de forma diferente cuando les digo que soy ciega. Te tratan como si te estuvieran haciendo un favor. Te desanima al instante».

Kat Watkins es la responsable de proyectos de acceso a la política de Disability Wales, y afirma que las personas con discapacidad tienen derecho a explorar su identidad sexual y entablar relaciones como cualquier otra persona.

«¿Por qué el sexo y las relaciones son un tabú para las personas con discapacidad? Somos más que poder comer y tener un techo. Vivir tu vida y disfrutar de ti mismo es parte de la vida, y no se destaca lo suficiente para las personas con discapacidad».

Kat aseguró que oír ejemplos de cómo la gente manda mensajes a las mujeres con discapacidad estaba «tristemente normalizado». Explicó que los juguetes sexuales adaptables y las ayudas suelen dar confianza a la gente. A ella le gustaría verlos en más sitios y puntos de venta de sexo convencionales.

«Tienes que sentirte cómoda contigo misma y entender tu cuerpo para poder explicar a los demás cómo funciona. El amor propio también es muy importante».

Fuente: BBC.com

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Columna

Educación sexual y familias de personas en situación de discapacidad: cuando no basta “aprender” a decir NO.

Por Camila Zamora Lagos

En los encuentros de sexualidades y familiares de PeSD , se ha a llegado a consenso que que la familia y específicamente cuidadores/as son el espacio principal y más seguro para que hijos y familiares en situación de discapacidad crezcan de forma segura y aprendan sobre educación sexual, tales como el conocimiento del cuerpo, límites, intimidad, amor, identidad, amistad, secretos buenos y secretos malos. 

Pareciera un escenario ideal pero muchas veces el hablar de sexualidad se reduce a hablar de aprender a decir NO, conocer mis partes íntimas y a la vigilancia (y privación) de otros vínculos, tales como las amistades y relaciones amorosas. Esto debido a que se sigue manteniendo la creencia que la familia es el espacio más seguro y que es afuera donde se encuentran los grandes peligros. No es un secreto para nadie que el abuso sexual se da principalmente al interior de las familias y personas cercanas a ella.

Las cifras del Sename (actual Mejor Niñez) coinciden que solo un 10% de niños/as víctimas de abuso sexual, fueron agredidos por una persona desconocida. No existen datos precisos en el caso de personas en situación de discapacidad en contexto familiar y/o residencias, porque en muchos casos no son denunciados por el mandato inquebrantable de la familia porque el abusador tiene un rol de autoridad en lo económico y emocional.

Tampoco existen datos precisos de abuso sexual en personas en situación de discapacidad intelectual, porque igualmente muchos de los casos no son denunciados, especialmente si el abusador tiene un rol de autoridad o de apoyo (Petersilla, 1998), ya sea dentro del mismo entorno familiar como también algún monitor/profesional de apoyo dentro de escuelas especiales y/o programas residenciales o ambulatorios, que acompañan en el día a día a personas con algún tipo de discapacidad psíquica,intelectual y/o motora. 

Sumado a ello, dicho acompañamiento se continúa bajo el paradigma médico-rehabilitador -paciente-objeto cuidado-no sabe-pasivo-no siente-no desea, en donde se sitúa la experiencia humana como categorías diagnósticas, que deben ser tratadas con fármacos y otras intervenciones capacitistas, los cuales buscan la normalización de aspectos conductuales, sensoriales, emocionales y eróticos que irrumpen y son un desajuste (molesto) más para el entorno que la misma persona.

Es aquí donde, debe construirse un debate colectivo desde y con las personas en situación de discapacidad (y no sobre) con el entorno familiar, salud y comunitario sobre una ESI (Educación Sexual Integral) contextualizada que problematice sobre el estigma, soledad no deseada, el prejuicio y la discriminación hacia las PERSONAS en situación de discapacidad y las sexualidades bajo un enfoque de derechos sexuales y reproductivos, necesarios para garantizar el acceso y disfrute de una calidad de vida y bienestar como ciudadanos y personas sexuadas. Por nombrar algunos ejes temáticos, como el derecho a la intimidad, pudor, placer, relación con iguales, identidad, maternidad/paternidad, placer, promoción del buen trato en los vínculos interpersonales y acceso universal a la ESI.

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Sexualidad

Columna de opinión: ¿Sexualidadad(es) invisibles o Especiales?

En las primeras sesiones que acudieron G.P, un hombre adulto de 40 años con discapacidad intelectual junto a su madre, para tener respuestas a su curiosidad sobre el placer y sexualidad en general, noté que era un tema que fue muy poco hablado a lo largo de su vida, desde la escuela especial hasta en su propia familia. 

Su vivencia y relato me hizo reflexionar sobre la mochila de sexualidad(es) propias de las familias y equipos profesionales que acompañan e interactúan con las Personas en Situación de Discapacidad (PeSD) y/o Diversidad funcional. 

Partamos preguntándonos: ¿Cómo son las mochilas y actitudes de éstos/as hacia las  personas en situación de discapacidad? ¿Qué nos pasa con sus pudores, intimidad, enamoramiento, relaciones interpersonales, identidad de género, privacidad o las primeras autoexploraciones en casa, escuela especial u hospital? Si acaso éstas serán vistas desde la vergüenza para ser eliminadas o naturalidad para ser conducidas a un espacio de intimidad. 

Dichas miradas, silencios, gestos, tocar o no la puerta, el respeto al cuerpo desnudo es parte de la educación sexual implícita, no podemos dejar de hacerla. El tema es el cómo seguimos impartiendo una educación sexual desde el tabú y los peligros, como el abuso sexual, embarazo o control de conductas “disruptivas” a través de la abstinencia, esterilización forzada o privación de un derecho al acceso a una educación sexual real.

Una educación sexual que permita que todas las personas se conozcan, acepten y vivan su sexualidad desde la infancia hasta la vejez, de forma singular y diversa libre de culpa, miedo y mitos existentes que siguen considerando que las PeSD son asexuadas, ángeles eternos, pueriles, que no saben, que no hablan, no preguntan o que más adelante les responderemos sus dudas. Pero ¿Qué pasa, si ese momento no llega? ¿No lo abordamos? 

Camila Zamora Lagos
Psicóloga – Sexóloga
@sexologiaconsentido

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Sexualidad

“Se suele pensar que quienes tenemos alguna discapacidad o diversidad funcional no tenemos una sexualidad, que no deseamos ni somos deseades”

A ESTEFI LEIVA (25), INTEGRANTE DEL MOVIMIENTO FEMINISTA POR LA ACCESIBILIDAD UNIVERSAL, MUY POCAS PERSONAS SE LE HAN ACERCADO PARA INTENTAR ESTABLECER UN VÍNCULO AFECTIVO. SI LO HAN HECHO, HA SIDO ÚNICAMENTE ANTES DE QUE SE DEN CUENTA QUE ES CIEGA.

Luego, cuando finalmente lo detectan, no saben cómo proceder. Varios le han dicho “no sé cómo relacionarme contigo” y una vez, recuerda, le gustó a alguien que abiertamente dijo que le daba miedo lo que pensarían los demás si es que se relacionaba con una mujer ciega. “En mi adolescencia, mientras todas mis amigas empezaban a pololear o a vincularse de manera sexoafectiva con otras personas, debe haber habido solo un chico que se atrevió a decirme que yo le gustaba. Para el resto, antes que ser persona, tengo una discapacidad. Siempre ponen la discapacidad primero”.

Se trata, como explica la orientadora familiar y activista por los derechos sexuales y reproductivos, Jessica Lillo, de dispositivos de control que han contribuido a que la sexualidad no sea expresada en plena libertad y sea más bien regulada. “Lo decía Foucault en sus estudios de sexualidad: los principales dispositivos de control provienen desde las instituciones públicas y privadas, tales como los centros de atención hospitalaria, los centros de salud, los colegios, los internados y las cárceles, entre otros. Estos son lugares que tienden a disciplinar los cuerpos y a normar qué hacen las mujeres y los hombres y qué espacios ocupan. Por lo tanto, las personas que no calzan con esos patrones únicos se sienten excluidas o marginalizadas. Los cuerpos en este sistema tienen que ser funcionales, porque tienen que estar en beneficio y a disposición constante”, explica.

Una joven ciega aparece tocando un mural y sintiendo su textura en una calle de Santiago.A esto, según Estefi Leiva, también se le suman las iniciativas como la Teletón, que han contribuido a infantilizar, desde una perspectiva adulto centrista, a las personas con discapacidad. “Se suele pensar que los que tenemos distintas capacidades somos infantiles y, por ende, no ejercemos o comprendemos la sexualidad. A los niños no solo se los invisibiliza en esta sociedad, sino que también se los priva de una educación sexual que enseñe respecto al placer, el deseo, la identidad de género y la orientación sexual. Por ende, se da paso a un círculo vicioso entre la falta de representatividad y el imaginario colectivo que percibe la sociedad desde una mirada adulto céntrica y capacitista –de “capacitismo”, una forma de discriminación o prejuicio contra las personas con discapacidad–. Nos ven como personas que no tienen deseo y que no van a ser deseadas”.

Y la desinformación, como en todo ámbito, permite que se creen estereotipos, mitos y estigmas. Dos de los más instaurados, según Leiva, tienen que ver con que las personas con discapacidad física o intelectual son hipersexualizadas o asexuadas. “Las dos pasan por esta noción de que si tenemos una discapacidad y por ende somos como los niños; no tenemos una sexualidad desarrollada o, en su defecto, no tenemos un filtro como para poder frenar la libido. Como esta idea de que las personas con discapacidad intelectual siempre se están masturbando y hay que esterilizarlos. Está lleno de mitos y estereotipos”, dice.

Estos mitos que surgen desde el desconocimiento, como explica Lillo, dan cuenta de que la única sexualidad validada e instaurada como modelo a seguir es una que se basa únicamente en las capacidades de las personas y no en sus necesidades o deseos. “Es una sexualidad androcentrista, falocéntrica, en la que existe una meta que es llegar al orgasmo. Pero eso es muy reduccionista, y todo lo que no responde a ese patrón queda fuera del marco normativo. Quedan fuera las personas con discapacidades evidentes y no tan evidentes; cuerpos que no obedecen a los cánones de belleza hegemónica o al modelo universal impuesto; y todos aquellos que no pueden cumplir con las exigencias o capacidades que te pide esta sexualidad, como por ejemplo que a todos nos gusten las relaciones coitales. Los que no se erotizan con las prácticas comunes, también quedan fuera”.

Según explica la especialista, vamos naturalizando este imaginario colectivo a tal punto que ni lo cuestionamos. “Lo supuestamente ‘normal’ es que las personas tengan prácticas sexuales de tres a cuatro veces a la semana. En mis asesorías sexuales muchos me dicen que no logran esa frecuencia y me preguntan si están mal. Se sienten validados cuando les digo que lo impuesto es difícil de cumplir. Tengo que estar diciéndoles constantemente que es normal estar fuera de la norma”, explica Lillo. “Nos han instalado una sola forma de sexualidad que además es rentable, porque todos hacemos grandes esfuerzos por responder a esos estereotipos y lograr calzar con esos estándares tan altos”.

Y es que, como explica el terapeuta ocupacional y activista sexofuncional, Diego Ramos Medina, toda la vida se nos ha dicho que hay cierta forma de cuerpo que es la correcta y aceptada. “Esto empieza con la medicina y la ciencia y luego se reproduce y refuerza mediante los productos de consumo cultural, en los que hay nula representatividad de diversidades. Está la idea de que el cuerpo correcto, además, nos provee de bienestar, cumple ciertos estándares y tiene una forma determinada. Y nos pasamos toda la vida intentando llegar a tener esa figura hegemónica del cuerpo, que de por sí no existe. Es tan solo un sustento patriarcal”.

A su vez, según explica, el placer es percibido en sociedades neoliberales como una recompensa o un estado al que llegamos únicamente luego de ser productivos y útiles. “Bajo esta lógica, intentamos producir lo más posible y dejar el menor tiempo posible destinado a actividades que puedan distraernos de la producción. La única función que cumple el placer es ser un incentivo para seguir produciendo. Y por eso, para muchos, el placer ha sido lo más renegado en sus vidas”, explica.

Fuente: latercera.com

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Ellos quieren sexo

Asexuados, infantilizados e invisibilizados. Las personas con discapacidad no solo tienen que luchar contra su diagnóstico, sino que con los mismos rótulos que les pone la sociedad y sus más cercanos en relación a su sexualidad. Esta es su nueva batalla: reivindicar su derecho a disfrutar del sexo.

Por Noelia Zunino / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Álvaro Renner


Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición aniversario 50 años.

Solo y desnudo empezó a tocarse. Era la primera vez que lo hacía después de tres años del accidente. Tomó el medicamento que le recetaron para tener erecciones, puso una película pornográfica y empezó a recorrer su nuevo cuerpo. Uno que no quería, que rechazaba y que sentía como una cáscara. Pero que era suyo.

A Esteban Torres (38) la vértebra lumbar 1 le estalló en pedazos y aplastó su médula espinal. El día anterior, el 5 de diciembre de 2005, el grupo Saiko se había presentado en Temuco en un show de campaña de la entonces candidata Michelle Bachelet. Esteban, con 25 años, era el bajista y descendió del escenario entre aplausos. De ahí emprendieron rumbo a Santiago.

Horas después hubo un frenazo y lo último que vio fue un camión que se estrellaba contra el bus. Fue algo rápido y violento. La máquina terminó con todos sus pasajeros en el lecho del río Maipo. Esteban oía gritos, llantos; sentía todo el trajín a su alrededor, pero no sus piernas.

Casi un mes tardaron los médicos en dar con un diagnóstico preciso y decirle que lo suyo, entre muchas fracturas, era un traumatismo raquimedular, lo que en términos prácticos le imposibilitaba mover desde la zona lumbar hasta la punta de los pies. Esteban pensaba que lo que estaba viviendo era un chiste cruel. Él, que había entrado a estudiar Educación Diferencial para ayudar a las personas con discapacidad, pasaba a ser uno de ellos.

Durante ese tiempo hubo algo que a Esteban le urgía; algo de lo cual nadie le hablaba. Desde el accidente, casi no tenía erecciones y, cuando sí ocurría, duraban poco.

“Me hablaban de la recuperación de los músculos, pero nadie me hablaba de mi pene.  Es muy poco lo que hablan los equipos profesionales que trabajan en rehabilitación sobre el cambio en las relaciones sexuales y cómo manejarlo en pareja”, recuerda.

Tres años de pololeo llevaba cuando se accidentó. Luego de su primera alta, intentaron tener encuentros sexuales. No resultó. Esteban entendió que tendría que ir de a poco. Comenzó con rehabilitaciones para el control de esfínter y ahí tuvo una mejor respuesta, pero ya no era lo de antes. Ni siquiera se acercaba. Y él cada vez se enojaba más y más con su situación y, sobre todo, con su propio cuerpo.

La vida sexual desapareció. En los dos años que siguieron al accidente, lo operaron 12 veces de su columna y pasó la mayor parte del tiempo internado en cinco hospitales distintos, incluyendo uno en Cuba. Con todo eso, era cada vez más complejo reencontrarse con su polola.

Para el tercer año ya presentaba una notable mejoría. Sin embargo, entre él y su pareja no había más que hacer. “Terminamos y quedé deprimido e inseguro”, dice. Tras el quiebre, un urólogo le recetó fármacos para tener erecciones. “Necesitaba explorarme, saber qué sentía. Mis primeras citas fueron conmigo mismo”.

Esteban dejó una vida atrás. Con una discapacidad de 70%, ya no era apto físicamente para obtener su título de profesor diferencial. De a poco dejó la silla y pasó a las muletas. Eso le permitió seguir tocando en Saiko, pero en 2013 dejó la banda. “Terminé siendo un cacho porque los escenarios no tienen rampas y ya no podía tocar tanto rato de pie”, dice. Tuvo que reinventarse: empezó a hacer talleres musicales en escuelas diferenciales.

Empezó a indagar qué pasaba con otros como él. Supo que no era el único y que muchos accidentados con lesión medular terminaban sus relaciones porque no sabían cómo manejar su sexualidad.

Le ocurrió también a Jaime Reyes. De ser profesor de Educación Física, andar en moto y tener éxito con las mujeres, a los 24 años pasó a estar postrado. Recuerda que un día estaba en su cama y su entonces pareja se acostó a su lado. Le pidió que se acercara y lo tocara. Ella se negó. “¿Para qué si no lo sientes?”, le dijo. Un año antes un accidente en moto lo había dejado tetrapléjico y, salvo por unos sectores en el pecho, brazos, espalda y cuello, Jaime no sentía nada.

“Fue doloroso. Ya no camino, pero sí soy hombre. Fue el primer golpe de rechazo de cómo podría venir la vida en adelante. ¿Cómo convivir con eso?”, dice.

Jaime tuvo que aprender a lidiar con un cuerpo que no le responde. No puede mover sus manos ni sus dedos, pero se las arregla para escribir en el celular con un puntero.

Todo para él ha sido un aprendizaje y un gran desafío. Incluso el de derribar los mitos y prejuicios de su entorno en relación a su sexualidad, solo por el hecho de estar tetrapléjico en una silla neurológica. Hoy, a 23 años del accidente, entiende que lo que entonces le dijo su pareja responde en parte a lo que cree la sociedad: que las personas con discapacidad no tienen sexo.

“Me hablaban de la recuperación de los músculos, pero nadie me hablaba de mi pene. Es muy poco lo que hablan los profesionales que trabajan en rehabilitación sobre el cambio en las relaciones sexuales y cómo manejarlo”, dice Esteban Torres, ex bajista de Saiko.

Diversidad funcional

El II Estudio Nacional de Discapacidad de 2015 dice que en Chile el 20% de la población adulta está en situación de discapacidad. Son más de 2,5 millones de personas y, para muchos, el diagnóstico se convierte en una lápida para su goce sexual. Porque independiente del tipo de discapacidad que tengan, la sociedad los tiende a infantilizar, invisibilizar y tratar como asexuados, sobre todo si se tiene una discapacidad cognitiva.

La abogada Paulina Bravo sabe de eso. Preside el Observatorio de Derechos Sexuales y Reproductivos de las Personas con Discapacidad (Odisex), creado en 2016 para pelear por estos derechos, pero lo ha vivido en carne propia.

Era adolescente, aún no perdía por completo su visión, pero sentía que eran los demás quienes no la veían; que sus ilusiones afectivas eran cercenadas por una negación social implícita, como si no tuviera derecho a vivirlas, solo por ser ciega. Cuando llegaban sus tías y querían saber quién de sus hermanos y primos pololeaba a ella la saltaban. Hasta hoy, a los 43 años, asegura que nunca le preguntan en su familia si tiene pareja.

En los seminarios y charlas que ha dictado sobre el tema, Paulina ha comprobado que la anulación de la sexualidad se repite en todo Chile y lo explica así: “Muchas familias dicen que la persona con discapacidad es el angelito que les cambió la vida. Y los ángeles no tienen sexo”.

También lo ha notado la sicóloga y sexóloga Rafaella di Girolamo, especialista en terapias con el cuerpo y sexualidad en la discapacidad. “Se malentiende que también tienen discapacidad en el placer. Se los limita y les falta libertad para explorar”, dice.

Esteban Torres no quería que lo miraran así ni se conformaba con el rótulo de “discapacitado”. Necesitaba romper con esa visión y fue en esa búsqueda que dio con el Foro de Vida Independiente, creado en 2001 en España, y el concepto de “diversidad funcional”. El término es parte de un movimiento que nació en Estados Unidos en los 70 como una lucha de personas con algún tipo de discapacidad para derribar el mito de que no podían hacerse cargo de sus propias vidas. Que, aunque requieran cierto apoyo y asistencia, pueden ser autónomos y ejercer sus derechos. “¡Nada sobre nosotros, sin nosotros!”, es la consigna que los identifica.

Fue allí también que descubrió otro término que llamó su atención: la asistencia sexual. Pidió más material para saber de qué se trataba. Entonces sintió que tenía que hacer suya la frase de los diversos funcionales y dar a conocer en Chile lo que estaba descubriendo.

Felipe Orellana quedó tetrapléjico a los 16 por un piquero. Es seductor, estudió el tantra y está muy empoderado en su sexualidad. “Es paradójico, pero la discapacidad me ha enseñado de la sexualidad. Me obligó por la falta de movimiento
a desarrollar otras cosas”, dice.

La rebelión de los asexuados 

Algunas de las veces que Cristina Rey ha masturbado a alguien con diversidad funcional, aplica tanta fuerza que termina cansada. Ella es periodista de profesión, pero lleva décadas trabajando en distintas terapias para desarrollar la sexualidad: desde sesiones para la piel hasta terapias colectivas; todas las ofrece en su página web Amaeru Sexualidad Natural. En el verano europeo pasado se amplió a una nueva arista: la asistencia sexual. Una de las actividades que realiza, cuenta, es la masturbación para el autodescubrimiento, “puede ir desde un primer contacto para acercarse y tomar confianza hasta el orgasmo”, dice desde España.

Según la European Platform Sexual Assistance, la asistencia sexual consiste en apoyar a personas con discapacidades en todo el espectro de su sexualidad. Para algunos es una figura virtuosa, sobre todo para los que no pueden explorar su cuerpo ni tener relaciones por sí mismos. “Me transformo en sus manos para lograr una autoerotización”, dice Cristina.

En países como Suiza, Bélgica, Holanda o Alemania la asistencia sexual es parte de los servicios sociales que otorga el Estado porque lo entienden como un tema de salud. Se espera que un asistente sexual sepa manejar distintas situaciones como limpiar sondas o mover a la cama al cliente, en algunas partes su formación está regulada. Así es en Suiza, pero no en España. Cristina explica que allá “son las personas quienes me dicen cómo y qué hacer porque está dentro del concepto de vida independiente: ellos dirigen”.

Hay distintas definiciones y propuestas sobre la asistencia sexual: están quienes, como Cristina, ayudan a la autoexploración pero sin tener coito; hay organizaciones que ofrecen altruistamente tener relaciones; y están también las trabajadoras sexuales, que aseguran ser las más capacitadas para hacer ese trabajo.

En Chile recién se está empezando a conocer de esto en círculos muy pequeños. Y en eso Esteban ha sido de gran ayuda en la V Región. Desde Quillota, creó en 2014 el colectivo Diversidad Funcional Chile y empezó a dar charlas sobre asistencia sexual y la filosofía que hay detrás. Incluso ha expuesto en el Senado, ante la comisión de discapacidad y en conversatorios de bioética.

Ahí conoció a Tamara Suárez (31), una educadora diferencial que también hizo una búsqueda personal y hace charlas en la región sobre sexualidad y discapacidad. A los cuatro años la diagnosticaron dentro del espectro autista y 20 años después le dijeron que era Asperger. Tenía una hiper reacción al tacto y desde chica le cargaba que la abrazaran. Si bien disfrutaba el sexo, el contacto físico la perturbaba. Tanto que en sus primeras relaciones se quedaba en blanco, pues la superaba el nivel emocional de tanto roce. Ahora es distinto: “No tendría problema en trabajar como mediadora sexual. No sé si llegaría al coito, pero hay mucho para hacer”, dice.

Para llegar a ese cambio, tuvo que transitar por el mismo camino de autoaprendizaje que muchos otros han recorrido. No fue fácil. Quizás el que más le dolió fue con sus primeras relaciones sexuales, cuando su padre le dejó de hablar alrededor de dos años tras enterarse de que tenía parejas mujeres. Al saberlo, la llevaron al siquiatra. Eso le sirvió para conocer sus límites y aprender del ensayo y del error. “Pensaban que quizás no iba a poder decidir por mi diagnóstico. Me sentía invalidada. Ahora han evolucionado, pero tiene que ver con mi postura: me aceptas o no, nomás. Estoy empoderada de mi vida”, dice Tamara, quien tiene una hija de 3 años.

Tanto ella como Esteban quieren ser de los primeros asistentes sexuales en Chile, y así después ayudar a otros que quieran hacer lo mismo. Para eso pretenden ir a Argentina y anotarse en el curso que una vez al año dicta la educadora diferencial y orientadora sexual en diversidad funcional, Silvina Peirano, una de las máximas exponentes latinoamericanas en la materia.

“Hay cambios importantes que tienen que venir no solo de la sensiblización, sino también en las agendas de los Estados. Están pasando cosas importantes, pero necesitamos un colectivo más activo y orgulloso”, dice Silvina desde Buenos Aires. En sus cursos, asegura, cada vez se interesan más chilenos.

La abogada Paulina Bravo creó en 2016 Odisex, una organización que promueve los derechos sexuales de las personas con discapacidad. Ella es ciega.

Yes, we fuck

Soledad Arnau tiene 47 años y recién hace dos que pudo tocarse por debajo de su ropa interior. Fue gracias a su asistente sexual, Teo Valls, de 32 años.

Con él, Soledad pudo sentir la sensación de tocar sus pezones y la suavidad de sus manos. Ella es española y una férrea activista de la vida independiente. Su diversidad funcional es de 85%. Sus manos están dobladas y no tiene movilidad. La tienen que asistir para bañarse, cambiarse, para comer, pero su postura es que eso no la puede anular como persona. En 2015, el documentalista Antonio Centeno le preguntó si podía grabar una de las sesiones con su asistente sexual y ella accedió. Creía que si mostraba su realidad, podría fomentar políticas públicas enfocadas en la discapacidad desde esta nueva perspectiva. Así surgió el documental Yes, We Fuck, que provocó en España que esta filosofía tomara vuelo.

Allí se ve cómo Teo toma las manos de Soledad y las dirige para que ella misma pueda acariciarse. Si bien Soledad había tenido relaciones sexuales, era la primera vez que podía tocarse a sí misma. “Nunca había experimentado la sensación de sentirme. Me pareció precioso: mis dedos podían cogerme el pezón o meter mis manos en las bragas. Fue un momentazo de placer conmigo misma”, cuenta desde España.

Lee aquí una entrevista a a Soledad Arnau. 

La abogada Paulina Bravo vio en ese documental una herramienta para abrir el debate en Chile. Por eso lo ha exhibido en distintas charlas que ha realizado para dar a conocer Odisex, la organización que creó en marzo de 2016, luego de un viaje que hizo a Ginebra como delegada del Ministerio de Justicia para rendir el examen de Chile ante el comité de expertos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) respecto al cumplimiento de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Su intención inicial era difundir la asistencia sexual, pero al poco andar se dio cuenta de que aún era muy pronto y que en Chile había que partir por algo mucho más básico: el empoderamiento.

En 2015, el actor y comunicador audiovisual Felipe Orellana (36) fue uno de los fundadores de Ronda Chile, una organización que busca romper con los mitos y fomentar la inclusión sociolaboral desde las competencias. Aunque ya no forma parte de ella, esta institución le abrió puertas para conocer personas que querían, como él, cambiar esta mirada. Cree que algo pasa con la generación de treintones y cuarentones que en Chile hoy dan batalla para empoderarse. Ve que hay más gente que se reúne, que crean fundaciones y salen a pelear. Sin embargo, también cree que es un proceso lento, que antes de unirse, hay que pasar por un empoderamiento individual. Dice que para él, hacerlo no fue fácil, sobre todo desde el punto de vista sexual.

Quedar tetrapléjico a los 16 años de edad por un piquero, le produjo la primera duda: “¿Alguien me pescará?”. Se disipó rápidamente en pleno tratamiento de rehabilitación. Felipe Orellana es un seductor y le gusta jugar con eso. Su personalidad juega a su favor y se hizo conocido su espíritu aventurero cuando el año pasado se emitió por TVN un programa donde viajaba en su tricicleta por Chile, experimentando distintas actividades.

Pero detrás de ese personaje resuelto, hasta hace muy poco Felipe tenía muchas dudas. Su primera relación sexual, luego de quedar tetrapléjico, fue tres años después de su accidente. Estaba muy borracho. Ni siquiera se acuerda si lo disfrutó o si logró una erección. Pero sí se dio cuenta de que iba a necesitar que lo asistieran, que ya no podía hacer tantos movimientos por sí mismo y de que él siempre iba a tener que estar abajo. Desde entonces, para romper los prejuicios de si “se puede o no se puede”, Felipe empezó a enfocarse en el placer de la otra persona. “Dejé de buscar mi placer para que la otra persona lo pasara bien. Saqué aplausos, pero yo fingí muchísimo. Me autodiscapacité”, dice.

Un día dijo basta y dejó que lo acariciaran. Comenzó a estudiar el tantra y estuvo más atento a otros sentidos. Se empoderó de su sexualidad. Hoy se enorgullece: “Es paradójico, pero la discapacidad me ha enseñado de la sexualidad. Me obligó por la falta de movimiento a desarrollar otras cosas”, dice.

El año pasado se creó por primera vez una mesa técnica intersectorial sobre sexualidad en parte como respuesta al informe de la ONU y a la demanda de organizaciones. La conforman, además, el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis) y el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (Sernameg), organizaciones de personas con discapacidad, entre ellas Odisex, y su objetivo es incidir en cambios normativos y legales para promover los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad bajo una mirada de derechos humanos. Ahí también presentaron el documental e hicieron un seminario donde estuvo invitada la argentina Silvina Peirano.

La subdirectora de Senadis, Viviana Ávila, cuenta que, a partir de esa instancia, organizaciones creadas por personas con discapacidad se han acercado y les han pedido talleres prácticos sobre asistencia sexual en las regiones Metropolitana, del Biobío y Valparaíso. También un grupo de trabajadoras sexuales de la Fundación Margen ha planteado la posibilidad de capacitarse, luego de participar en un seminario.

“Hay un interés, pero nada concreto. A muchas no les gusta atender a personas con discapacidad porque no saben cómo hacerlo. Pero si se especializaran, tendrían otra llegada y perderían los miedos. Porque todos tienen derecho a una sexualidad plena”, dice Herminda González, presidenta de la fundación.

La oferta ya existe. Muchos portales de escorts ofrecen el servicio de “discapacitados”, aunque Soledad Arnau es categórica: eso es una prostitución especial, no es asistencia sexual.

Mientras, desde Buenos Aires, Silvina Peirano ve con interés lo que está pasando en Chile. La Universidad de Chile prepara junto al Senadis un curso de capacitación integral de la sexualidad para entregar, a partir de 2018, herramientas a profesionales de la rehabilitación. Ese mismo año espera Esteban Torres tener todo listo para echar a andar su Foro de Vida Independiente en Chile y convertirlo en un punto de encuentro, como el de España.

Para Silvina, lo que ocurre en Chile le parece familiar; porque así partió en España y Argentina años atrás.

“Cuando la persona con discapacidad se da cuenta de que el sexo tiene que ver con ellos no hay cuidador y restriccionismo que valga. Hay un activismo fuerte. Los ángeles se están convirtiendo en los sublevados que necesitamos. No hay vuelta atrás”, dice.

 

Fuente: Paula

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La sexualidad en las personas con discapacidad

La sexualidad es algo fundante que nos permite ser, reconocernos del otro, con el otro y como hombre o mujer. Se diferencia de la genitalidad y la sobredimensiona. Somos seres sexuados desde el mismo momento del nacimiento. La sexualidad está marcada en primer lugar, por la relación madre-hijo: lo mira, lo acaricia, lo arrulla… Es un acto amoroso.

Esto ¿se da tan naturalmente entre los padres que tienen un hijo con diversidad funcional? (Persona con diversidad funcional es sinónimo de persona con discapacidad: intelectual, motriz, sensorial o psíquica).

En el siglo XX y XXI los padres comienzan a preocuparse por  sus hijos con discapacidad y sus cuerpos, y dejan de ser los “angelitos” del siglo XVIII y XIX, me remito con este tema al terreno de la mitología y los prejuicios, tabúes, supuestos (casi siempre negativos) como por ejemplo: “de eso no se habla”, “son ángeles”, “son asexuados” o “son hipersexuados”, “son niños eternos”, “tienen una sexualidad dormida“ o “tienen una sexualidad incontrolada”, “no tienen deseos ni necesidades sexuales”, “no son atractivos”, “nadie los podrá amar”, “no pueden ni deben formar pareja, casarse, procrear”, “en caso de necesidad deberán autosatisfacerse”…

Los mitos: impactan negativamente sobre la sexualidad de una persona con discapacidad. Se silencia, se invisibiliza la diversidad y se considera peligrosa e innecesaria la educación sexual, por lo tanto, se evita y se reprime, limitando el pleno ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. La sexualidad en la diversidad funcional genera pánico. La dificultad radica en el modo que tienen la personas, mal llamadas sin discapacidad, para enfrentar y construir la sexualidad en discapacidad.

Silencio: es una bendición o un castigo divino, según la cultura y el constructo social al que pertenezca la persona.

Rótulos: “los discapacitados” desde los 3 tipos de baños… “hombres”-“mujeres”-“discapacitados”… No son hombres ni mujeres, son discapacitados. Por un lado la sexualidad del hombre, por otro la de la mujer y como algo apartado la del discapacitado, como una sexualidad que no es humana.

Actualmente se habla con mayor naturalidad de la sexualidad en la diversidad funcional. Se puede ver a personas con deseos, sueños propios, fantasías, seres sexuados. La realidad es igual a todos. Las personas con discapacidad no tienen un mundo diferente. Las caricias y besos son las mismas para todos.

La sexualidad de las personas con diversidad funcional no es mejor ni peor que la de los demás. Es la suya propia y se expresa en su forma de vivirla y experimentarla. Los mayores problemas provienen de la resistencia de los padres al enfrentarse con la sexualidad de sus hijos. Si se los excluye de su propio goce se los discrimina, y si excluimos en cuanto al goce sexual estamos excluyendo también en el goce de poder ser. Lo ideal sería poder SER y HACER.

Hay que cambiar la mirada para poder ver a las personas con diversidad funcional con derecho a:

*ser informados

*tener una educación sexual

*expresar su sexualidad

*formar una pareja

*derecho a tener una vida sexual independiente

*derechos sexuales y derechos reproductivos “de hombres y mujeres con diversidad funcional” (a veces se los esteriliza sin avisarles, haciendo pasar una ligadura de trompas por una cirugía de apendicitis, por ejemplo).

Respetarlos en lo que son, más allá de su discapacidad. Verlos en la etapa de desarrollo que están transitando: son niños, adolescentes o adultos, no son niños en un cuerpo de adulto. Facilitarles un espacio para reflexionar, pensar acerca de sí, qué les ocurre, qué sienten… simultáneamente a los espacios que se le generan para desarrollarse en lo cognitivo y en la vida autónoma, formando parte, su sexualidad, de esta vida autónoma. Verlos como sujetos deseados-deseables que se besan, se acarician, se manifiestan como quieren.

Sexualidad y discapacidad
Sexualidad y discapacidad

La sexualidad de la persona tiene como valor la intimidad. Si vive en una institución (hogar, hospital de día) la sexualidad no es de ella sino de los demás que deciden cómo, dónde, cuándo. Por lo general en estas instituciones, no hay espacio pensado para que las personas con diversidad funcional desarrollen su sexualidad. La mirada social imputadora, que dice qué es lo normal y lo anormal, que regulariza la normalidad y la anormalidad y dice quién se queda afuera… Como sociedad no somos inclusivos ni diversos.

Es importante que cada persona con discapacidad decida qué quiere hacer, con quién quiere estar, cuándo, cómo, dónde… escribiendo su propia “biografía sexual” con sus intereses, necesidades, deseos, fantasías, como personas sexuadas y eligiendo de qué manera expresar esa sexualidad, que no es sinónimo de sexo o genitalidad.

Sexualidad es mucho más que un pene erecto o una vagina lubricada. Eso no es garantía. No es sólo un encuentro de genitales. Es hacer el amor, encontrarse, tener contacto y conocimiento del propio cuerpo y del cuerpo del otro, es acariciarse, expresar afecto, sentir placer, erotizarse, empatizar con el otro…Hay personas que no ejercen su sexualidad a través de los genitales. 

2) SEXUALIDAD Y DISCAPACIDAD 

“Asistencia y acompañamiento sexual a personas con diversidad funcional”

Hagamos un ejercicio¿Cuál fue el primer contacto que tuvieron con una persona con diversidad funcional? ¿Cuál era el lugar que ocupaba? Apelen a ese recuerdo. Piensen en ese constructo social que nos deja una impronta y nos interpela. ¿Cómo se legitima la normalidad? ¿Qué entendemos por sexualidad? ¿Qué entendemos por persona con diversidad funcional? ¿Cómo relacionamos el erotismo y la sexualidad con la discapacidad?

Muchas personas con diversidad funcional parecen no haber sido habladas, ni pensadas, ni tener cuerpo. Se centra la sexualidad en la patología y se piensa en cómo será la sexualidad del sordo, ciego, lesionado medular, intelectual… En el siglo XXI queremos ampliar las perspectivas poniendo en el eje de la problemática, el deseo. Hablar de la sexualidad de las personas con discapacidad es un acto de discriminación, es hablar de alguien que no tiene identidad. La sexualidad es de la personas, de los hombres, de las mujeres.

La sexualidad es un hecho que nos iguala. Todos somos sexuados, sexuales, eróticos. Todos atravesamos los procesos de sexuación. Preguntar hoy si las personas con discapacidad tienen sexualidad, ya no es una pregunta válida.

La asistencia sexual es un acompañamiento que se brinda a personas con diversidad funcional, dentro de un clima de privacidad y confidencialidad, donde el eje no es la discapacidad sino la dignidad y la toma de decisiones, dándole lugar a la persona para decidir libremente cuándo y con quién y, que elija a su pareja amorosa, pasional, erótica.

“SEX ASSISTENT” ofrece asistencia sexual para hombres, mujeres o parejas. No viene a suplir la elección/decisión de la persona ni reemplazar su pareja afectiva. Está pensada como una opción más, no como un gueto. Hay un asistente y un asistido o una pareja que es asistida y acompañada.

La asistencia sexual es una opción (no la única), es una propuesta para quienes opten por ella. No todos necesitan lo mismo, ni los deseos de la persona se relacionan con la patología. Se promueve el derecho de ser reconocido y el de reconocerse sin estar sujetos a un síntoma, un síndrome o a un coeficiente intelectual. Suele ser eficaz para casos en que las personas están gravemente comprometidas y no tienen la posibilidad de ir a un prostíbulo por ejemplo, entonces deben ser masturbados por sus padres.

También para aquellos que no podrían acercarse a un prostíbulo por razones edilicias o porque las trabajadoras sexuales no estarían experimentadas para ofrecerles ayuda. La diferencia que marcan las/los asistentes sexuales es que están capacitados para realizar este acompañamiento, rescatar la decisión de cada uno y, en casos necesarios, prestar asistencia mecánica, por ejemplo cómo moverle la pierna a una persona con cuadriparesia.
3) DERRIBANDO MITOS SOBRE LA VIDA SEXUAL Y AFECTIVA DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

“Derribando 13 mitos”

La sexualidad de las personas con discapacidad es especial

Realidad No tienen particularidades sexuales, no más que cualquier otra persona.

Las personas con discapacidad no tienen sexualidad. Son asexuadas y no les interesa. “Son niños eternos”… “Es un niño en un cuerpo de adulto”…

Realidad Tienen intereses, ilusiones, deseos, necesidad de vínculos afectivos, capacidad de enamorarse, capacidad y necesidad de sentirse atraídos y de ser atractivos para otras personas. Su cuerpo tiene capacidad de sentir y de excitarse.

Sus dificultades les impiden tener relaciones sexuales “normales”

Realidad El nivel intelectual o la limitación física u orgánica no determina la capacidad de amar, expresar cariño, compartir sensaciones corporales, enamorar, seducir o respetar a la pareja.

Lo que les impide tener relaciones saludables es la sobreprotección. Estar siempre pendientes y querer protegerlos tanto les impide que desarrollen su intimidad, por lo que muchas de sus conductas se producen en el único ámbito existente: el público. Entonces es el mismo entorno el que provoca la aparición de estas conductas desajustadas.

Las personas con discapacidad no tienen atractivo y no pueden producir placer

Realidad como muchas otras personas no encajan en los modelos de belleza/perfección impuestos por la sociedad, lo que no significa que no resulten atractivas. Hay un olvido del gran valor que tiene la persona, sus sentimientos, valores, personalidad.

Las personas con discapacidad no pueden tener pareja

Realidad la sobreprotección hace que se los prive de la propia vida dirigiendo la mirada a sus limitaciones. Es necesario inclinar la mirada hacia sus capacidades y posibilidades favoreciendo espacios, tiempos y formas para expresarse, encontrarse y poder vivir su sexualidad.

(Las parejas pueden formarse entre dos personas con discapacidad física, intelectual u orgánica o también con uno de los integrantes sin discapacidad. Estas últimas son las llamadas “parejas mixtas”).

Pueden transmitir genéticamente la discapacidad

Realidad el origen de la discapacidad, sea cual fuere, no es siempre genético. Además esta concepción supone reproducción y la realidad es que sexualidad-reproducción no tienen por qué estar ligadas. La sexualidad es un valor en sí misma y no “es” sólo en función de la reproducción.

Las personas con discapacidad tienen una sexualidad incontrolable, perversa, impulsiva, promiscua, llena de peligros

Realidad ocurre que no suelen recibir Educación Afectivo-Sexual para distinguir, a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo, cuáles son muestras de atención apropiadas e inapropiadas y cuáles son expresiones afectivas o prácticas sexuales que se pueden hacer en público y cuáles corresponden al ámbito privado e íntimo. Una intimidad necesaria y que el entorno debe favorecer.

La única forma correcta y placentera de obtener placer sexual es mediante el coito

Realidad se tiende a vincular sexualidad con genitalidad y coito. En las personas con discapacidad, al igual que en las personas sin discapacidad, además de conductas como el coito y la masturbación aparecen otras manifestaciones de la sexualidad como fantasías, enamoramiento, deseo de atraer y ser atraído. Manifestaciones necesarias para el desarrollo emocional de la persona, ya que generan satisfacción y bienestar.

La Educación Afectivo-Sexual incita e incrementa las conductas sexuales

Realidad es un derecho negado y la falta de oportunidades para aprender a relacionarse afectivamente aumenta la posibilidad de embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, conflictos entre los deseos de la persona y las normas sociales y los hace vulnerables a padecer abusos o agresiones sexuales.

No tienen capacidad para captar el abuso del que pueden ser objetos

Sexualidad y discapacidad
Sexualidad y discapacidad

Realidad se plantea una visión de las personas con discapacidad como personas pasivas, que se dejan hacer pero no que buscan, hacen o deciden. Si bien son particularmente vulnerables al abuso sexual, esto no es debido al “infantilismo” o “falta de interés sexual”, sino a factores relacionados con la estrecha dependencia y sumisión a terceras personas y a la falta de Educación Afectivo-Sexual.

Las personas con discapacidad pueden evitar relaciones sexuales no deseadas como también pueden tener relaciones sexuales consentidas, deseadas y satisfactorias.

Los hombres con discapacidad tienen mayores necesidades y deseos que las mujeres con discapacidad, quienes son asexuadas

Realidad debido a los estereotipos de género hay mayor aceptación social acerca de la sexualidad de los hombres con discapacidad que de las mujeres, a quienes se las considera como sujetos pasivos sin sexualidad. Es necesario tomar conciencia sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres: son propietarias de su cuerpo, tienen derecho a la intimidad, al placer sexual y a tener pareja e hijos si lo desean. La Educación Afectivo-Sexual a las mujeres con discapacidad no debe centrarse sólo en la prevención de riesgos. Debe contemplar también las posibilidades de tener una vida sexual, afectuosa y reproductiva si lo desea.

Todas las personas con discapacidad son heterosexuales

Realidad hay un abanico de posibilidades sexuales, diferencias y singularidades que dan lugar a diferentes prácticas, comportamientos, orientaciones e identidades sexuales, como para cualquier persona.

Así pues las personas con discapacidad pueden ser homosexuales o bisexuales. Pero en muchas ocasiones no se les permite pertenecer ni siquiera a “la norma”, “a lo esperado”, a la heterosexualidad por lo tanto mucho menos podrán salir de un armario si es que no conocen esa opción.

La Educación Afectivo-Sexual tendrá que estar encaminada a que cada persona pueda descubrir sus tendencias en sexualidad.

Las personas con discapacidad no necesitan Educación Afectivo-Sexual

Realidad todas las personas somos iguales y necesitamos Educación Afectivo-Sexual que no comienza “algún día” sino que está presente durante todo nuestro ciclo vital. Todas las personas somos sexuadas, con derechos, capacidades y potencialidades. Debemos creer y confiar en las personas con discapacidad para ayudarlas a desarrollar su autonomía al máximo posible.

4)Algunos NO y algunos SÍ para una adecuada Educación Afectivo-Sexual

¿Qué podemos hacer como padres, profesionales, acompañantes?

              no-no-NO-no-no                    si-si--si-si
v  NO negarles su sexualidad v  Mostrarse abiertos a sus preguntas, con disposición a hablar del tema
v  NO sobreproteger v  Informar acerca de qué prácticas sexuales o expresiones afectivas se pueden hacer en público y cuáles corresponden al ámbito privado e íntimo
v  NO infantilizar v  Enseñar la diferencia entre un contacto adecuado y un contacto abusivo
v  NO tomar decisiones sobre sus cuerpos sin consentimiento de la persona v  Enseñar a decir no y a resistirse ante lo que no gusta o no se desea. Motivar a expresar preferencias y gustos
v  NO impedirles hablar o preguntar sobre el tema v  Dotar de habilidades sociales que les permitan resolver problemas, situaciones, así como tomar decisiones asertivas protegiéndose de sí mismas
v  NO proporcionar información engañosa o no adecuada a su nivel de comprensión v  Trabajar con la persona desde las posibilidades y no únicamente desde la prevención de riesgos. Enseñar prácticas higiénicas, saludables y seguras. Acudir a las visitas ginecológicas y urológicas para una buena salud sexual y reproductiva
v  NO reprimir, censurar o prejuzgar sus manifestaciones sexuales v  Favorecer espacios, tiempos y formas para que puedan expresarse, encontrarse, interactuar, disponer de intimidad

5) MEJOR HABLAR DE CIERTAS COSAS

“Derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad”

  • Derecho a recibir Educación Afectiva y Sexual en la familia y formación en los centros, colaborando familias y centros para que, por un lado, puedan aprender a defenderse de posibles abusos y a pedir ayuda cuando la necesiten y, por otro, puedan conocer su cuerpo, sus emociones, sentimientos y afectos, aprendiendo a relacionarse con los-las demás de forma adecuada.
  • Derecho a la integridad y propiedad de su cuerpo, de forma que nadie los/las instrumentalice.
  • Derecho a tener la vida sexual y afectiva que deseen y sea posible, según sus características personales, con la ayuda de la familia o tutores legales y de los profesionales.
  • Las personas “con discapacidad” tienen derecho a una vida afectiva y sexual plena, saludable y satisfactoria. Esto es un aspecto fundamental para su bienestar y calidad de vida.
  • Simplemente porque… (eliminemos la frase entre comillas): Las personas tienen derecho a una vida afectiva y sexual plena, saludable y satisfactoria. Esto es un aspecto fundamental para su bienestar y calidad de vida.

Bibliografía:

*Derechos sexualesy reproductivos de las personas con discapacidad: Están recogidos en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006), en la Guía de recomendaciones generales sobre la Promoción de la Salud Sexual y Reproductiva (SSR) de las Personas con Discapacidad publicada por la Organización Mundial de la Salud (2009) y en la Declaración Universal de los Derechos Sexuales aprobada por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología (1999) así como en el Código Ético de FEAPS.

Dibujando la sexualidad de las personas con discapacidad intelectual y/o del desarrollo: una cuestión de derechos, Ed. FEAPS, Comunidad Valenciana. FEAPS CV (Federación de Asociaciones en favor de las personas con discapacidad intelectual y/o del desarrollo de la Comunidad Valenciana).

*Educación Sexual y Discapacidad, Félix López Sánchez, Catedrático de Psicología de la Sexualidad. Universidad de Salamanca. III Congreso “La Atención a la Diversidad en el Sistema Educativo”. Universidad de Salamanca. Instituto Universitario de Integración en la Comunidad (INICO)

*VII Congreso sobre Síndrome de Down, Tigre 2015, Ponencias “Sexualidad y diversidad funcional” y “Asistencia y acompañamiento sexual a personas con diversidad funcional”, Disertante Silvina Peirano, Especialista en sexualidad y diversidad funcional y Directora de “SEX Asistent”

Sugerencias:

Películas y documentales

“Mi nombre es Sam” (2001)

“Pipas no ar… yo también quiero volar”

“Yo también” (2010)

“Gabrielle” (2013)

“El sexo de los ángeles” (documental, 2004)

“También somos mujeres” (documental FEAPS Madrid)

“El beso” (cortometraje)

“Vuela Sirena. La Desbandada”

“Alguien a quien amar” (documental 2014)

“Nacional 7”    http://sexualidadespecial.blogspot.com.ar/2015/06/pelicula-nacional-7.html

SEX Asistent    http://sexesasitent.blogspot.com.ar/

De: Consultora Psicológica Patricia Iglesias.

Fuente: ASDRA – Asociación Síndrome de Down de la República Argentina

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Vivir y otras ficciones FESTIVAL DE CINE EUROPEO

Fecha: Miércoles 14 de junio

Horario: De 19.30h a 21.00h

Con conversatorio con el director.

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Los voluntarios que ayudan a sentir placer sexual a personas con discapacidad

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