Categorías
Accesibilidad Gobierno Inclusión Inclusión Laboral Política Senadis Trabajo

¿Y nuestra ley?

Ya han pasado siete meses desde que la Presidenta, Michelle Bachelet promulgó la Ley 21.015 que establece la cuota obligatoria del 1% de Inclusión laboral para Personas en situación de  Discapacidad en empresas u organismos públicos, que cuenten con cien o más trabajadores. Esta Ley, tenía seis meses para que sus reglamentos se dictarán. Estos son los que dan validez e inicio a esta anhelada ley para nosotros, las Personas en situación de Discapacidad.

Un mes de retraso, es excesivo. Las Personas en situación de Discapacidad debemos esperar que la gente que no necesita los ascensores dejen de usarlo, esperar que desocupen los baños exclusivos (cuando los hay), que llegue Carabineros para fiscalizar el mal uso de un estacionamiento reservado, que la persona que ocupa el asiento preferencial deje de hacerse la dormida, que se puedan transitar por espacios públicos, que la televisión se digne a usar Lengua de señas. Entre muchas más frustrantes situaciones cotidianas.

Basta de esperar, es urgente tener vigente esta Ley, por nuestro derecho y dignidad.

 

Peter Loch Troncoso
Fundador y Director en Fundación Wazu.

Categorías
Accesibilidad Educación Gobierno Inclusión

Voces de la gratuidad

BRUNO CHACÓN,

22 AÑOS, ESTUDIANTE DE DERECHO, UNIVERSIDAD DE CHILE. CIEGO DE NACIMIENTO, ENTRÓ POR ADMISIÓN ESPECIAL.

Yo nací sin poder ver. De pequeño siempre opté por vivir el día a día, no preocuparme de qué iba a venir después. Eso siempre me pareció lo más fácil en una vida como la mía. Pero después pasé a la media y entendí que debía tener un plan. Sabía que tenía que estudiar, aunque no sabía muy bien dónde o cómo lo haría. Sólo sabía, ya cuando quedaba muy poco para salir del colegio, que quería ser abogado, pero no mucho más.

La primera vez que postulé, en 2015, no quedé por admisión especial en la Universidad de Chile, ya que los cupos eran muy pocos. Pero en 2016, cuando volví a intentarlo, justo se estaba empezando a implementar la gratuidad. Mi mamá, que trabaja como traductora de inglés, y mi papá, que traslada pacientes en el Hospital del Trabajador, no podían pagar mis estudios. Probablemente, como muchos otros, me hubiese tenido que endeudar. En ningún momento ellos me dijeron que no podía estudiar, pero yo sabía que iba a ser muy difícil.

A pesar de que estuve en el Lastarria, un liceo que busca prepararte para lo que viene después, la exigencia en la universidad nunca se logra dimensionar del todo, especialmente para nosotros los ciegos. En la biblioteca hay un escáner que lee automáticamente el texto y lo transforma en un audio para que podamos estudiar. Pero si no existiera eso, nos quedaríamos sin leer. Creo que la universidad y la sociedad han avanzado mucho en ese aspecto, en comprender que los ciegos también podemos estudiar.

Yo creo que es imposible olvidar el momento en que uno se da cuenta de que tiene la gratuidad. Porque es un alivio para todos. Recuerdo que en esa época estábamos solos con mi mamá, y mi papá nos ayudaba con lo justo para poder subsistir con mi hermana. Para mí era terrible pensar cómo lo íbamos a hacer porque ellos querían que yo estudiara, y yo también sabía que tenía que hacerlo. Pero sin la gratuidad yo no estaría acá.

 

En Qué Pasa, pueden leer la historia de los demás: Enlace

Ir al contenido