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Educación

Convivencia Escolar en Chile: un análisis sobre la construcción de comunidad frente a la violencia

Hace unas semanas me encontraba en un colegio particular pagado dando una capacitación sobre la Ley de Autismo. Al cierre, mientras los funcionarios compartían sus legítimas inquietudes sobre la temática, hice un comentario que —por falta de tiempo para contextualizar— quizá no fue del todo comprendido: dije que, como apoderados, debíamos asumir la probabilidad de que, en algún momento, nuestros hijos e hijas recibieran un golpe en el contexto escolar.

Hice esta reflexión ante el reclamo de padres y madres de niños aparentemente sin mayores necesidades de apoyo, que se veían afectados por párvulos o estudiantes autistas en momentos de crisis. Aclaré, por cierto, que no es lo mismo una agresión entre pares en el contexto del aprendizaje socioemocional propio de su desarrollo, que la misma acción por parte de un estudiante de cursos mayores.

Esta situación me recordó cuando nos llamaron del jardín infantil de mi hijo. La educadora, agobiada, nos explicó que el niño había sufrido un “accidente” y estaba triste, por lo que debíamos retirarlo antes. Para mí fue un alivio cuando aclaró el tipo de incidente: había sido mordido por un compañerito. Parecía más preocupada ella que nosotros; comprendo que los apoderados no suelen reaccionar bien ante estos episodios. Personalmente, como educadora Waldorf con años de experiencia en el nivel, lo consideré algo esperable.

Me generaba más inquietud la situación inversa: que mi hijo fuera quien agrediera a otros. Por mucho que uno supervise a los niños y niñas constantemente, es casi imposible evitar estas situaciones. Si bien esto es más fácil de comprender en educación parvularia, la esencia del conflicto se mantiene a lo largo de toda la escolaridad, aunque cambie su naturaleza.

La convivencia escolar armónica no puede definirse simplemente como la ausencia de conflicto, sino como un proceso dinámico de construcción de comunidad. Esta comprensión es fundamental: la buena convivencia no es un estado de quietud impuesta por reglamentos, sino una dinámica viva de relaciones humanas donde la tensión surge naturalmente en el proceso de aprendizaje socioemocional.

En este sentido, el conflicto debe abordarse como una oportunidad pedagógica crítica que permite a párvulos y estudiantes (así como a los adultos) aprender a relacionarse de manera adaptativa a través de la empatía, la negociación y la reparación de vínculos. 

Sin embargo, nuestra sociedad enfrenta una contradicción profunda: mientras existe un escándalo generalizado ante la agresión física (lo cual es comprensible), se tiende a naturalizar formas silenciosas y devastadoras de violencia psicológica, como el desprecio, el aislamiento y la estigmatización de quienes son percibidos como diferentes.

Es imperativo validar el temor y la preocupación de las familias respecto a que sus hijos e hijas no sean víctimas de agresiones en el contexto escolar, pero es igualmente urgente que observemos todos los tipos de violencia, no solamente los más evidentes. Para que los establecimientos sean espacios de protección, la mirada pública y estatal debe desplazarse desde el desenlace fatal que acapara titulares —como el trágico ataque en Calama— hacia el proceso silencioso de exclusión y soledad crónica que antecede a tales estallidos.

Violencia Escolar como Reflejo de la Violencia Social

La evidencia recolectada en la última década sugiere que la actual crisis de convivencia en los establecimientos educacionales no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de violencia social sistémica. Las aulas se han convertido en la caja de resonancia de tensiones macroestructurales: el aumento de la criminalidad, la fragilidad de los vínculos familiares y la exposición a entornos digitales sin supervisión.

En este escenario, la soledad infantil emerge como un factor crítico, exacerbado por jornadas laborales extensas y un estrés socioeconómico que erosiona la capacidad de contención de padres, madres y cuidadores.

En este contexto, la neuropsiquiatra infanto-juvenil Amanda Céspedes sostiene que el concepto tradicional de «violencia escolar» es equívoco y potencialmente peligroso. Para la experta, esta terminología traslada la responsabilidad de forma exclusiva a las instituciones educativas, omitiendo que se trata de una violencia que los estudiantes traen desde su entorno (Montes, 2026).

Esta dinámica se nutre de la agresividad en el espacio público, el debilitamiento de las figuras de autoridad y un bombardeo mediático de contenidos violentos que niños, niñas y adolescentes consumen sin una mediación adulta que les permita procesarlos críticamente.

Los datos respaldan esta preocupación. Según el Observatorio Niñez Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC (2024), la violencia contra la niñez en Chile ha mostrado una evolución alarmante, con retrocesos significativos tras la pandemia.

A pesar de los esfuerzos normativos, la violencia física persiste en niveles críticos, mientras que la agresión psicológica muestra un incremento sostenido, con un impacto más agudo en niñas y adolescentes mujeres.

Además, los estudiantes en situación de discapacidad enfrentan un mayor riesgo, presentando prevalencias significativamente más altas en casi todas las categorías de abuso, incluyendo las diferentes formas de violencia escolar y entre pares.

Salud mental, neurodivergencia e inclusión

El trágico incidente ocurrido en marzo de 2026 en Calama, donde un joven de 18 años atacó a su comunidad escolar, ofrece una lección dolorosa sobre las consecuencias de invisibilizar las necesidades de salud mental en la población socialmente vulnerable, como es el caso de niños, niñas y jóvenes neurodivergentes.

Aunque el debate mediático se centró en el acto violento, un análisis profundo revela una trayectoria de años de exclusión que el sistema no supo acompañar: la soledad crónica marcó su tránsito por el sistema escolar.

No es normal que un estudiante curse toda su escolaridad sin construir un solo vínculo de amistad genuino. Según relata la madre de Hernán (Chilevisión, 2026), el joven sufría por la exclusión de los hitos sociales propios de la edad y por un bullying persistente.

Ella relata haber solicitado apoyo a los profesores para la integración social de su hijo en reiteradas ocasiones, recibiendo atención únicamente de una psicopedagoga. En su testimonio, comenta cómo Hernán cargaba con la etiqueta de “niño TEA”, revelando una mirada patologizante del autismo que se tradujo en la dolorosa y frecuente expresión del joven: “El TEA me cagó la vida”.

Sobre esto último, la comunidad de adultos autistas —a la cual pertenezco— ha insistido vehementemente en el riesgo de estigmatizar a niños, niñas y jóvenes como “personas TEA”: una persona no puede ser un trastorno.

Si vamos a posicionarnos desde la mirada de la patología, que entiende el autismo como un trastorno del neurodesarrollo, lo correcto sería referirnos a «personas con TEA»; sin embargo, la cotidianidad de las comunidades educativas nos demuestra que se ha normalizado llamar a este grupo simplemente como “niños TEA”. Esto también debería escandalizarnos.

Respecto al caso de Calama, es imperativo distinguir entre los daños derivados de una desregulación emocional y aquellos que nacen de una planificación consciente. En una crisis de desregulación, especialmente en individuos autistas, no existe premeditación; el sistema nervioso colapsa frente a un entorno que supera su capacidad de procesamiento.

Sin embargo, cuando el entorno es hostil y la salud mental se deteriora sin intervención, el malestar puede escalar hacia conductas premeditadas alimentadas por el resentimiento y el aislamiento social. Entender esta distinción es crucial para dejar de criminalizar la neurodivergencia y empezar a gestionar los entornos escolares de manera profunda, preventiva y proactiva.

Hacia una convivencia corresponsable

Comencé esta nota mencionando mi intervención en una capacitación donde señalé que, como apoderados, debíamos asumir la probabilidad de que, en algún momento, nuestros hijos fueran agredidos en el contexto escolar.

Hoy mantengo mi postura. La convivencia en la diversidad implica reconocer que todos los miembros de la comunidad educativa cometerán, en algún punto, errores en sus interacciones. La capacidad adaptativa de un colegio no se mide por la ausencia de roces, sino por la solidez de sus vínculos para prevenir, contener y restaurar las relaciones cuando el conflicto ocurre.

Erradicar el acoso, la discriminación y la violencia es una responsabilidad compartida por todos los actores del sistema, incluyendo a padres, madres y apoderados de aquellos que quizá no golpean ni gritan, pero que en sus actitudes, gestos o silencios, por sutiles que parezcan, excluyen.

Al respecto, la nueva Ley 21.809 sobre convivencia, buen trato y bienestar es una noticia alentadora: robustece los equipos de convivencia y las obligaciones del Estado en la promoción del bienestar socioemocional. Esto incluye la creación del Programa de Bienestar Socioemocional Escolar, a cargo de la nueva división homónima de la Junaeb.

Esta iniciativa pretende potenciar la sana convivencia a través de experiencias que fortalezcan el sentido de pertenencia y la cohesión grupal, mediante talleres deportivos, culturales y científicos.

En última instancia, el éxito de estas nuevas normativas y programas no dependerá solo de los recursos técnicos, sino de nuestra capacidad como adultos para cambiar la mirada: Sólo cuando comprendamos que el bienestar de mi hijo o hija está indisolublemente ligado al bienestar de su compañero o compañera —incluyendo a aquel con necesidades específicas de apoyo— podremos decir que estamos construyendo una verdadera comunidad. La convivencia no es un reglamento que se cumple, es un tejido que se cuida día tras día.

Magda Montero,

Líder del Área de Educación Inclusiva de Fundación Wazú

Fuentes citadas

Chilevisión. (21 de abril de 2026). «TENGO RESPONSABILIDAD»: Habló mamá de joven que atacó en colegio de Calama – Contigo en la Mañana [Archivo de Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=rIFAPMgC7GY 

Montes, Rocío (6 de abril de 2026). Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infanto-juvenil: «No comparto el concepto de violencia escolar, esta es una violencia social». El País. https://elpais.com/chile/2026-04-06/amanda-cespedes-neuropsiquiatra-infanto-juvenil-no-comparto-el-concepto-de-violencia-escolar-esta-es-una-violencia-social.html 

Observatorio Niñez Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC (2024). Agenda Violencia Contra la Niñez: Panorama de los últimos 10 años.

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Inclusión Laboral

Ley de Inclusión Laboral: avances reales con deudas urgentes

A ocho años de la entrada en vigencia de la Ley N°21.015, es justo decirlo: hoy Chile cuenta con una normativa robusta que no solo obliga a contratar personas en situación de discapacidad, sino que además logró instalar un tema que antes simplemente no existía en la conversación pública.


Hace ocho años, hablar de inclusión laboral era, en muchos espacios, un gesto voluntario. Hoy es una obligación legal. Y eso importa. Pero el problema no está en la ley. Está en su cumplimiento.


Los datos del último informe de agosto de 2025 muestran una realidad preocupante: las cifras siguen siendo bajas e insuficientes para el estándar que como sociedad deberíamos exigirnos. En simple: tenemos una buena ley, pero aún no está ocurriendo lo suficiente en la práctica.


Desde Fundación Wazú valoramos que exista una normativa vigente que permita avanzar en inclusión. Es un buen punto de partida. Sin embargo, la falta de fiscalización nos mantiene con niveles de cumplimiento muy por debajo de lo esperado, tanto para la fundación como para el país.


Y ahí está el punto crítico: la fiscalización. Sin fiscalización efectiva, cualquier ley —por buena que sea— corre el riesgo de transformarse en una declaración de intenciones. Hoy lo que vemos es justamente eso: empresas que cumplen parcialmente y otras que optan por medidas alternativas sin generar inclusión real.


Porque no se trata solo de cumplir una cuota. Se trata de cómo se cumple.
En este escenario, uno de los avances relevantes ha sido la incorporación de la figura del gestor o gestora de inclusión, que permite realizar diagnósticos organizacionales, impulsar capacitaciones y acompañar procesos internos. Sin embargo, también aquí aparece una
debilidad estructural: la ley no establece estándares mínimos claros.


Lo que hoy existe va en la dirección correcta, pero deja espacio a la discrecionalidad. Por ejemplo, no hay claridad respecto a la cantidad de capacitaciones que deben realizarse, lo que permite que cada empresa defina su propio nivel de compromiso.


Esa flexibilidad, que en teoría busca adaptarse a distintas realidades, en la práctica termina generando desigualdad en la implementación. Y la inclusión no puede depender del criterio. Tiene que ser un estándar.

Hoy, el desafío es avanzar desde la instalación del tema hacia su consolidación real. Eso implica fortalecer la fiscalización, definir criterios más claros y asumir que la inclusión no es un favor ni una carga, sino una oportunidad concreta de desarrollo para las organizaciones y para el país.

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Mujeres

8M: Fundación Wazú advierte sobre la invisibilización de mujeres con discapacidad

En Chile, más del 21% de las mujeres adultas vive con algún tipo de discapacidad, una cifra significativamente mayor que en los hombres. Fundación Wazú advierte que muchas de ellas enfrentan doble discriminación: por género y por discapacidad.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, Fundación Wazú hizo un llamado a visibilizar la realidad de las mujeres en situación de discapacidad en Chile, una población que enfrenta barreras estructurales en ámbitos como la educación, el empleo, la salud y la vida social.


Según el III Estudio Nacional de Discapacidad (ENDIDE), más de 2,7 millones de personas adultas viven con discapacidad en el país, y la prevalencia es mayor en mujeres: 21,9% de las mujeres adultas presenta algún tipo de discapacidad, frente al 13,6% de los hombres.


A esto se suma una realidad poco visibilizada: muchas mujeres reciben diagnósticos de neurodivergencia —como autismo o déficit atencional— recién en la adultez, luego de años de adaptación silenciosa a entornos que no consideran sus necesidades.


Ese fue el caso de Constanza Figueroa, periodista de Fundación Wazú, quien descubrió que está dentro del espectro autista después de que su hija recibiera el mismo diagnóstico.


“En Chile todavía se romantiza mucho la idea de la mujer que puede hacerlo todo. La mujer superpoderosa. Pero esa expectativa es agotadora para cualquier mujer, y más aúnpara quienes somos neurodivergentes”, señala.


Diagnósticos tardíos y adaptación silenciosa.

Durante décadas, los criterios de diagnóstico del autismo estuvieron centrados principalmente en hombres y niños, lo que provocó que muchas niñas y mujeres aprendieran a camuflar o compensar sus diferencias, retrasando el diagnóstico hasta la adultez.


Constanza relata que durante su infancia y adolescencia nadie sospechó que pudiera estar dentro del espectro.
“Como no tenía problemas en el colegio ni generaba conflictos, nadie pensó que podía haber algo distinto. Pero yo vivía con ansiedad desde muy pequeña y siempre me sentí diferente”, explica.


El diagnóstico llegó años después, en medio del proceso de acompañamiento a su hija. Mujeres, cuidados y sobrecarga invisible
La situación se vuelve aún más compleja cuando se consideran las responsabilidades de cuidado. En Chile, 8 de cada 10 personas que cuidan a familiares con discapacidad son mujeres, muchas veces familiares directas que deben reorganizar completamente su vida personal y laboral.


Desde Fundación Wazú advierten que esta realidad revela una doble carga estructural que afecta especialmente a las mujeres con discapacidad o a quienes crían hijos e hijas neurodivergentes.


Inclusión con perspectiva de género

Para la organización, avanzar hacia una sociedad realmente inclusiva implica reconocer que la discapacidad no se vive igual para hombres y mujeres.


“Hablar de inclusión también es reconocer la diversidad dentro de las propias experiencias de las mujeres”, señalan desde la fundación.
Constanza lo resume desde su propia experiencia: “Muchas veces cuando dices que eres autista la gente responde: ‘pero trabajas, tienes una profesión, tienes una hija’. Como si el autismo tuviera una sola forma de existir. La diversidad también existe dentro del espectro”.


En este 8 de marzo, Fundación Wazú hizo un llamado a incorporar una mirada de género en las políticas de discapacidad, promoviendo mayor acceso a diagnósticos oportunos, redes de apoyo y espacios de participación para mujeres en situación de discapacidad.


“La inclusión real comienza cuando dejamos de pensar que todas las mujeres viven las mismas experiencias”, concluyen desde la organización.

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Nacional

Es oficial: Ley Chile Cuida entra en vigencia

La Ley N° 21.805 consagra el derecho al cuidado como un derecho social y crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, permitiendo que el cuidado deje de ser una responsabilidad privada y pasa a ser reconocido como un derecho garantizado progresivamente por el Estado.

Este lunes 16 de febrero de 2026 fue publicada en el Diario Oficial la Ley Chile Cuida (Ley N° 21.805), que reconoce el derecho al cuidado y crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados (SNAC), entrando oficialmente en vigencia en todo el territorio nacional. 

La Ley Chile Cuida consagra por primera vez en el país el derecho al cuidado como un derecho social, incorporándolo de manera estructural al sistema de protección social. La normativa reconoce el cuidado en su triple dimensión: el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, estableciendo el deber del Estado de garantizar progresivamente una oferta suficiente y articulada de apoyos y cuidados a lo largo del ciclo de vida. 

Asimismo, crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados como un modelo de gestión y coordinación intersectorial destinado a promover la autonomía, la vida independiente, prevenir la dependencia y fortalecer la corresponsabilidad social y de género en las tareas de cuidado. 

La ley establece como titulares del Sistema a niños, niñas y adolescentes (que por condiciones de desarrollo o condiciones de salud requieran de cuidados especiales); personas mayores; personas con discapacidad; personas con dependencia; y personas cuidadoras, tanto remuneradas como no remuneradas, reconociendo el valor social y económico del trabajo de cuidados. 

La coordinación del Sistema estará a cargo del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, a través de la Secretaría de Apoyos y Cuidados de la Subsecretaría de Evaluación Social, en articulación con distintos ministerios, gobiernos regionales, municipios y espacios de participación de la sociedad civil. 

De acuerdo con sus disposiciones transitorias, los reglamentos necesarios para la implementación de la ley deberán dictarse en un plazo de seis meses contado desde su publicación en el Diario Oficial, etapa clave para la puesta en marcha de los instrumentos, registros y mecanismos de coordinación que contempla la normativa. 

Con su entrada en vigor, la Ley Chile Cuida marca el inicio de la implementación formal del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados y consolida el cuidado como un eje central de la política social del país.

¿A qué tendrán derecho las personas cuidadoras no remuneradas?

1. Ejercer los cuidados en igualdad y dignidad, y decidir en torno a ellos.
2. Acceder de forma prioritaria a servicios, programas y prestaciones de apoyos y cuidados que les permitan reducir gradualmente su carga y horas en beneficio de su desarrollo personal y salud mental. El Estado promoverá que accedan a oportunidades de trabajo decente en igualdad y sin discriminación arbitraria, así como al descanso y disfrute de tiempo libre.
3. Acceder a formación, capacitación y certificación en cuidados, según la oferta pública disponible.
4. Acceder de forma prioritaria a programas, servicios y prestaciones de atención en salud mental.
5. Negarse a cuidar a una persona que cometió un crimen o delito contra un ascendiente o descendiente, o incumplió reiteradamente sus deberes de alimentos respecto de la persona cuidadora.

Creación del Registro Nacional de Personas Cuidadoras No Remuneradas

Este registro, que debe ser diseñado y administrado por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, tendrá el objetivo de “identificar, reunir y mantener antecedentes de las personas cuidadoras no remuneradas, así como de las personas que son cuidadas, en la forma que establezca el reglamento”.

Según indica la normativa, estos antecedentes se utilizarán para diseñar planes, programas e instrumentos del SNAC, así como para definir criterios para asignar estas iniciativas y para elaborar estudios.

Quienes estén inscritas podrán acceder a beneficios, programas, prestaciones públicas o atención preferente brindadas por el Estado o por privados.

Revisa la ley completa aquí

Fuente: Ministerio de Desarrollo Social y Familia

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Recomendaciones prácticas para celebraciones de fin de año inclusivas

Fundación Wazú llama a promover celebraciones conscientes, empáticas y libres de sobrecarga sensorial, entregando recomendaciones pensadas en personas neurodivergentes y/o con hipersensibilidad.

Navidad y Año Nuevo suelen asociarse a alegría, reuniones familiares y tradiciones. Sin embargo, para muchas personas neurodivergentes —niños, niñas, jóvenes y personas adultas— estas fechas pueden transformarse en una experiencia altamente desafiante debido a la intensidad de los estímulos sensoriales y sociales propios de las celebraciones de fin de año.

Ruidos excesivos, fuegos artificiales, luces intensas, cambios en la rutina y exigencias sociales pueden generar sobrecarga sensorial en personas en el espectro autista y en otras neurodivergencias, provocando malestar, ansiedad o crisis. Frente a este escenario, Fundación Wazú hace un llamado a promover celebraciones más inclusivas, basadas en la empatía y en la implementación de ajustes razonables.

Margarita Fontecilla, terapeuta ocupacional de Fundación Wazú y experta en inclusión laboral y social, explica que estos ajustes no requieren grandes transformaciones, sino conciencia y disposición:

“Incluir no es obligar a las personas a adaptarse a un entorno hostil, sino adaptar el entorno para que todas las personas puedan participar de manera segura y respetuosa. En fiestas de fin de año, pequeños cambios pueden marcar una enorme diferencia en el bienestar de personas neurodivergentes y de sus familias”, señala.

Recomendaciones prácticas para celebraciones familiares inclusivas

1. Música y ruido

  • Mantener el volumen de la música en niveles moderados.
  • Evitar ruidos fuertes e inesperados como gritos o pirotecnia, dentro de lo posible.
  • Incorporar pausas sensoriales o momentos de silencio durante la celebración.

2. Fuegos artificiales

  • Anticipar que durante Navidad y, especialmente, Año Nuevo pueden escucharse fuegos artificiales.
  • Avisar con antelación cuándo podrían comenzar los ruidos fuertes.
  • Utilizar audífonos con cancelación de ruido o tapones auditivos.
  • Facilitar espacios interiores y silenciosos para resguardarse.
  • Evitar exponer directamente a personas neurodivergentes si esto genera malestar.
  • Recordar que retirarse o buscar contención es una necesidad legítima, no una exageración.

3. Luces y ambiente

  • Priorizar luces cálidas y evitar luces intermitentes o muy intensas.
  • Reducir estímulos visuales excesivos.
  • Contar con un espacio tranquilo o de calma para quien lo necesite.

4. Abrazos y contacto físico

  • No forzar abrazos, besos ni saludos físicos.
  • Preguntar antes de tocar y respetar un “no” como respuesta válida.

5. Anticipación

  • Explicar previamente cómo será la celebración: quiénes asistirán, horarios y actividades.
  • Informar sobre el menú, considerando la selectividad alimentaria.
  • Avisar con tiempo cualquier cambio en la rutina.
  • Utilizar apoyos visuales o conversaciones previas según la edad.

6. Consideraciones para la familia

  • Permitir que cada persona participe a su manera.
  • Respetar los tiempos de descanso y autorregulación.
  • Facilitar el uso de juguetes sensoriales o audífonos si se requieren.
  • Evitar comentarios invalidantes como “no exageres” o “es solo un rato”.

7. Comprensión y empatía

  • Entender que una crisis o retiro no es mala conducta, sino una respuesta a la sobrecarga sensorial.
  • Validar emociones y necesidades.
  • Recordar que incluir es adaptar, no forzar.

Desde Fundación Wazú enfatizamos que celebraciones más inclusivas no sólo benefician a las personas neurodivergentes, sino que construyen entornos más amables, seguros y significativos para todas las personas, reforzando valores de respeto, empatía y convivencia.

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Nacional

Periodista de TVN habla sobre su discapacidad: “Es muy invisible. La gente no sabe que soy sorda”

En 2016 la comunicadora Carolina Gutiérrez fue diagnosticada con Hipoacusia súbita, lo que mantuvo oculto durante varios años porque quería enfrentarlo sola. «Creo que es hora de visibilizarlo para que los demás también sepan cómo ayudarme”.


La periodista Carolina Gutiérrez es conocida por ser la encargada del área de cultura y espectáculos de TVN y 24 horas, estando presente en grandes espectáculos y compartiendo junto a grandes artistas como Dave Grohl y Nick Cave, como ella misma menciona en su perfil de Instagram. Sin embargo, nadie podría haberse imaginado que durante años vive con una discapacidad, lo que no ha sido una limitante para su gran labor comunicacional. 

En entrevista con Revista Ya, la comunicadora relató que hace años un día despertó con el oído derecho tapado, molestia que permaneció durante días. Luego de ir al Otorrino, comenzó un tratamiento con corticoides – pensando que sería bruxismo- sin embargo no dio resultados. 

Volvió al médico y tras someterse a varios exámenes, finalmente el especialista fue tajante según relató Gutiérrez: “no tienes nada que explique por qué estás perdiendo la audición. Esto se llama sordera súbita”. 

Pidió una segunda opinión, sin embargo ya era algo definitivo. “Lo más difícil es asumir que no puedo revertir la pérdida de audición ni siquiera con fármacos. Se fue y no me dejó darle ninguna pelea”, explicó la periodista.

Carolina confesó que mantuvo su condición en secreto durante años, ya que sentía que debía enfrentarlo por sí misma. “Me empecé a quedar un poco sola en este mundo. Además, yo sentía que tenía que pasar esa barrera, enfrentarlo y ver cómo me adaptaba a esta nueva condición”, comentó. 

Tuvo que comenzar a aplicar adaptaciones para su propio bienestar, como por ejemplo, dejó de ir a lugares con demasiado ruidos ya que le cuesta ecualizar sonidos; cambio en sus práctica de yoga al tener dificultades en el equilibrio; y en su trabajo comenzó a apoyarse en sus compañeros en pantalla y la lectura de labios cuando no logra comprender bien a través del oído izquierdo. 

Aunque intentó ir adaptándose secretamente a esta “nueva vida” hubo un episodio que la hizo asumir en público su discapacidad. Uno de sus hijos invitó a su pareja, estaban cocinando cuando su nuera comenzó a hablarle por el lado derecho, instante en que él le comentó a su polola que por ese oído no escuchaba.

“En un minuto me sentí como si me hubiera sacado la ropa, muy expuesta. ‘¿Por qué le tuviste que decir algo que es tan personal?’, alguien se había apropiado de algo que era mío, pero era mi hijo, mi casa, mi cocina”, rememoró.  “Ahí también me di cuenta de que mientras uno más natural lo haga, es mejor y al final me sumé y le dije ‘sí, me tienes que hablar por acá (lado izquierdo), porque no escucho nada del otro»”

Tras ocho años, finalmente, Gutiérrez decidió darlo a conocer ya que es algo que muy pocas personas notan. “Es una discapacidad muy invisible. La gente no sabe que soy sorda, porque además lo soy de un solo oído. Creo que es hora de visibilizarlo para que los demás también sepan cómo ayudarme”, reflexionó. 

“He pasado todo este tiempo haciendo de todo para escuchar a las otras personas y que no se note mi pérdida de audición. Pero quiero llegar al momento de decir “¿Me puedes hablar por acá porque no escucho nada?”. Creo que estoy en un momento en que quiero que sí sea visible”, sentenció la periodista. 


Fuente: https://www.biobiochile.cl/noticias/sociedad/debate/2025/09/25/me-empece-a-quedar-un-poco-sola-carolina-gutierrez-revelo-discapacidad-que-le-cambio-la-vida.shtml

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Inclusión

Fundación Wazú llama a ampliar la mirada en Mes de la Salud Mental: incluir también a las personas en situación de discapacidad

En el marco del Mes de la Salud Mental, Fundación Wazú hace un llamado a ampliar la conversación nacional e incluir las realidades y desafíos específicos que viven las personas en situación de discapacidad, quienes enfrentan una carga adicional de barreras estructurales, sociales y emocionales que impactan directamente su bienestar psicológico.

La prevalencia de comorbilidades en salud mental entre las personas con discapacidad supera ampliamente la de la población general. Sin embargo, existe una ‘ceguera diagnóstica’ en muchos profesionales de la salud, que tienden a atribuir síntomas como ansiedad o depresión únicamente a la condición de base, sin diagnosticar ni tratar adecuadamente los cuadros asociados”, explica la psicóloga Paulina Funes, colaboradora de Fundación Wazú.

Funes también advierte que la inaccesibilidad de los servicios de salud mental —por falta de adecuaciones físicas, sensoriales o comunicacionales— deja fuera a un número importante de personas usuarias. “No se trata solo de atención médica, sino de acceso real y digno a la salud mental. En Chile, muchas veces las puertas están abiertas, pero no todos pueden entrar”, añade.

El llamado “estrés de minoría” es otro de los fenómenos que afectan de manera persistente a esta población. Se trata de un estado de estrés crónico derivado de la discriminación, el estigma interiorizado y la violencia simbólica o vicaria, que deteriora la salud mental a largo plazo.

Las barreras en el empleo, la educación, el transporte y la integración comunitaria comprometen seriamente la salud mental de las personas en situación de discapacidad. Necesitamos avanzar desde un enfoque médico hacia un modelo social de la discapacidad, que reconozca que el problema no está en la persona, sino en el entorno que la excluye”, enfatiza Funes.

El psiquiatra Felipe Torres, especialista colaborador de Fundación Wazú, explica que no todas las patologías de salud mental constituyen una discapacidad, y que el diagnóstico por sí solo no la determina.

“Dos personas pueden tener la misma condición, pero en una puede generar discapacidad y en otra no. Esto depende de factores psicosociales, de la red de apoyo, del funcionamiento cotidiano y de las estrategias de compensación que cada persona desarrolla”, señala.

Respecto a las señales de alerta, el psiquiatra recomienda buscar ayuda profesional ante síntomas como aislamiento, pérdida de interés, irritabilidad, alteraciones del sueño o apetito, aumento del consumo de alcohol o tabaco, o la presencia de ideas de muerte. “Son indicadores que deben ser escuchados y acompañados con empatía y sin prejuicios”, agrega.

Cuidar la mente también es accesibilidad

Ambos profesionales coinciden en que las prácticas más efectivas para cuidar la salud mental son universales: realizar actividad física, mantener vínculos sociales significativos, conectarse con la naturaleza y, sobre todo, pedir ayuda sin miedo al estigma.

Desde Fundación Wazú se enfatiza que la salud mental y la inclusión son inseparables, y que las políticas públicas deben reflejar esta interdependencia. “Chile no puede hablar de salud mental si deja fuera a quienes viven la discapacidad. Necesitamos programas adaptados, profesionales capacitados y espacios accesibles para que nadie quede atrás”, explica Peter Loch, director de la fundación,

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Nacional

Polémica designación de médico veterinario como nuevo director del Senadis

Una gran controversia generó la designación de Pedro Goic como nuevo director del Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis) debido a su casi nula experiencia respecto a temáticas de inclusión y discapacidad.

En abril pasado se inició el concurso de Alta Dirección Pública, instancia a la que postularon 183 profesionales, según detalló el Ministerio de Desarrollo Social y Familia.

El consejo de la entidad realizó las evaluaciones técnicas y entrevistas a quienes avanzaron a la etapa final, para luego crear la nómina de candidatos que fue enviada al Presidente de la República, quien definió el nombramiento siendo elegido el médico veterinario, Pedro Goic.

¿Quién es Pedro Goic?


El nuevo director de Senadis es magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile. Además, posee formación como coach ejecutivo.

Entre sus cargos anteriores se encuentran:
● Director nacional del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (Sence) entre 2014 y 2018.
● Secretario ejecutivo de Pro Empleo en la Subsecretaría del Trabajo.
● Gerente del Plan “INDAP Clase Mundial” en el Instituto de Desarrollo
Agropecuario (Indap).
● Gerente nacional del programa Chile Emprende en el Servicio de
Cooperación Técnica (Sercotec).

En la web del Ministerio del Desarrollo señalan, además, que ha ejercido como consultor en materias de capacitación, mercado laboral, competencias e inclusión laboral, siendo lo única experiencia en materia de discapacidad.

Fuente:
https://www.desarrollosocialyfamilia.gob.cl/noticias/nombran-por-alta-direccion-publica-a-director-nacional-del-servicio-nacional-de-la-discapacidad

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Nacional

Personas en situación de discapacidad tendrán atención preferencial en servicios públicos y privados

La iniciativa que está pronta a ser ley, garantiza este derecho para personas en situación de discapacidad y cuidadores, tanto en establecimientos públicos como privados que atiendan personas.

La iniciativa modifica la Ley 20.422, que establece normas sobre igualdad de oportunidades e inclusión de personas con discapacidad. 

En el segundo trámite se mantuvo la norma base, donde se define que la atención de prioridad se dirigirá a personas que cuenten con credencial o certificado de discapacidad vigente emitido por el Servicio de Registro Civil e Identificación. Esto también se extiende para sus cuidadores o cuidadoras, que cuenten con el certificado respectivo. El Senado extendió la opción de acreditar dicha calidad mediante otro mecanismo reconocido por la ley. 

En el caso de atenciones de salud se regirá lo dispuesto en la Ley 20.584. En ella se regulan los derechos y deberes que tienen las personas en relación con acciones vinculadas a su atención en salud. Específicamente, el derecho a la atención preferente. También se incluyen las y los mayores de 60 años, las personas con discapacidad y sus cuidadores/as. 

En el Senado se agregaron dos nuevas consideraciones: la primera es extender este beneficio al sector privado. En el segundo caso, aclarar qué se entenderá por atención preferente y oportuna; lo que se define como “la adopción y aplicación de acciones y medidas que aseguren el derecho de las personas a recibir un trato digno y respetuoso en todo momento y en cualquier circunstancia, disminuyendo sus tiempos de espera”

La iniciativa quedó lista para su promulgación por parte del Poder Ejecutivo, para luego ser publicada como Ley oficial del Estado.

Fuente: https://www.camara.cl/cms/2025/09/03/personas-con-discapacidad-tendran-prioridad-en-atencion-en-servicios-publicos-y-privados/ 

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Fundación Wazú llama a celebrar unas Fiestas Patrias inclusivas: “Que la inclusión sea parte de esta tradición”

En el marco de las celebraciones de Fiestas Patrias, Fundación Wazú hace un llamado a que fondas, ramadas y celebraciones tradicionales avancen en accesibilidad e inclusión, garantizando que las personas en situación de discapacidad también puedan disfrutar de las tradiciones chilenas.

Según recomendaciones de SENADIS, medidas simples como contar con rutas accesibles, estacionamientos exclusivos, baños habilitados, señalética adecuada, rampas, iluminación segura y permitir perros de asistencia, marcan una diferencia en la experiencia de quienes participan de las festividades.

Asimismo, la Fundación destaca iniciativas locales que ya se han realizado en años anteriores, como la cueca inclusiva en Santiago, que permite a personas con discapacidad visual, motora o auditiva participar plenamente de la danza nacional.

“En estas Fiestas Patrias queremos que la inclusión también sea parte de la tradición. La fonda, la cueca y los juegos típicos son parte de nuestra identidad y no pueden excluir a nadie. Con accesibilidad y pequeños cambios, podemos hacer que la celebración sea realmente de todos y todas”, señaló Peter Loch, director de Fundación Wazú.

Fundación Wazú sugiere estas  Buenas Prácticas para Fondas Inclusivas, con medidas clave a considerar como:

  • Señalética en braille y pictogramas.
  • Intérpretes o videos en Lengua de Señas Chilena en escenarios.
  • Espacios de baja estimulación para personas autistas.
  • Juegos típicos adaptados.
  • Personal capacitado en atención inclusiva.

Fundación Wazú invita a las fondas y autoridades locales a implementar estas medidas considerando que la inclusión también puede ser sinónimo de diversión y tradición.

“Así como disfrutamos una empanada o un pie de cueca, la inclusión debe ser parte de nuestra cultura. Una celebración que no discrimina es una celebración más chilena que nunca”, agregó Loch.

Foto: CMPA Puente Alto.

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